El inge tiene un Javelin 75 y el tabique desviado, producto de un pleito de juventud nunca resuelto por las autoridades correspondientes. Gracias a eso su voz se escucha nasal y su risa da mucha risa.
Su Javelin es un potente auto de ocho cilindros, rojo con franjas blancas, capaz de competir con cualquier Mustang o Barracuda que se le ponga enfrente. El inge lleva el cabello medio largo y completamente revuelto porque el inge quiere aparentar que las cosas terrenales no le interesan en lo más mínimo y parece inclinarse más hacia los asuntos espirituales y, a pesar de eso, siempre está al día con las mejores cámaras fotográficas, los más avanzados televisores y los más finos estéreos.
El inge viene a la casa cada fin de semana. Llega con una botella de vino y una baraja de naipes para jugar al conquian. Trae también sus discos de los Apson y los Teen Tops, trae música de Vianey Valdez y presume de un disco inédito de La Tribu. Así, escuchando música y jugando baraja el viernes se nos hace sábado y sin saber. La botella de vino está vacía y el Inge se tiene que ir porque debe constatar que los trabajadores de Orión estén donde deben estar.
Juany no tomó vino y perdió en el juego de baraja, pero sus ojos brillan cuando miran al Inge. Y cuando los ojos del Inge miran a Juany, se escucha música clásica y el cuarto se llena de olorosas flores.
Juany no lo confiesa ni a nadie, pero el Inge le despierta cosquillas en el alma… tiene miedo de que el Inge sepa que regresó de San Luis encerrada en un ropero para evitar que Graciano, su novio, se la llevara aquella noche de noviembre en que su juventud se fue al carajo.
Ahora tiene 38 y el Inge 40. Ahora siente que aquel su corazón agonizante de San Luis ha tomado nueva vida. El Inge y Juany se dirigen miradas cuando nadie los ve y se lanzan besos cuando nadie lo nota.
El inge está feliz y se le nota: ahora manda a lavar todos los días su auto y le compra cerveza al equipo de futbol de Orión aunque pierdan por goleada. No tiene en mente las derrotas ni la suciedad cuando piensa en Juany.
Juany se ruboriza cuando mamá Esther le pregunta porque de pronto anda cantando canciones que nunca cantó y ella avergonzada le dice que no lo hará más. Mamá Esther, con su ojo izquierdo más pequeño que el derecho sospecha que algo pasa con Juany y frunce el ceño tratando de adivinar.
Es Navidad y el inge le regala a Juany un hermoso ramo de rosas, un perfume y en un arranque de amor sincero coloca su bufanda alrededor del cuello de Juany. Ella se siente abrumada y sin saber qué hacer y cuando apenas reacciona mira el tabique desviado del inge muy cerca de su propia nariz. Me va a besar, piensa, tiene que hacerlo, ahora no hay manera de echarse para atrás.
Juany cierra los ojos y espera.
Juany se queda esperando.
Cuando abre los ojos, el inge no está y tampoco está su Javelin rojo con franjas blancas y a lo lejos escucha un rechinido de llantas y la voz de mamá Esther preguntando porqué rayos el inge quiere llevarse a Juany si ella está destinada a cuidarme hasta que yo muera porque para eso es mi hija y para eso yo fui su madre.
Juany tiene ahora una edad indeterminada y todos los días se sube a un viejo camión para ir a trabajar. Ya no hay Javelins que le recuerden al inge y hace mucho que no sabe nada de él. No lo vio ni en el sepelio de Mamá Esther y pensó que entonces ese era el destino.
En Reforma y Rayón hay una cantina llamada El Jefes. El cuidacoches del lugar presume que algún día tuvo un Javelin 75 capaz de competir con cualquier Mustang o Barracuda que se le ponga enfrente… y también dice que tiene el tabique desviado, producto de un pleito de juventud nunca resuelto por las autoridades correspondientes.
El inge
Author: Zeth /
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