Avanti morocha, que nadie se ha muerto…
Hoy pasé a verla. Sigue en la posición de hace varios días. No mueve un dedo para decir que no. La cabeza hace mucho que olvidó cómo decir sí.
Verla en situación tan penosa no ha sido agradable… siempre le miré sonreír por el mínimo suceso y ver ahora el entusiasmo consumido me apena y no sé qué decir o cómo consolar.
Cuento un chiste subido de tono y no tengo respuesta. Le cuento entonces una de esas historias para cuando no puedes hacer el amor pero resulta contraproducente: su posición fetal indica que le duelen esas historias.
¿Puedo ayudar? Pregunto tímidamente.
Sin obtener respuesta, miro entonces el historial médico. Algo no anda bien aquí, digo en voz alta, parece que estás en coma, y remato festivamente “ea, levántate que no ha llegado aún el punto final”.
Nada sucede.
Salgo a la calle derrotado. En el cruce de Juárez e Hidalgo hay un niño que come manzana cubierta de caramelo… más allá otra nena ríe feliz de la mano de un globo y entonces pregunto si era tan difícil que encontraras sentido a esos pequeños regalos de la vida.
Camino entre gente que hace planes para comer juntos hoy por la tarde, para ver el juego de futbol y seguir con el box nocturno… no puedo sacarme de la cabeza las veces que te dije “hey, anda, vamos a ver el futbol y a embriagarnos, después de todo creo que nos lo merecemos ¿que no?” y sin embargo traigo tatuada tu respuesta de que el futbol es para los enanos mentales y el box es un deporte tan salvaje que deberían tener una agencia del Ministerio Público en cada ring.
Hay 40 grados de temperatura, me lo dice no el termómetro, sino las sudorosas caras de los que caminan por Juárez hacia el norte, pero eso no afecta cuando pienso que tu temperatura debe rondar el punto de congelación.
Te pregunté días antes si algo andaba mal. Te empeñaste en decirme que no, que todo estaba bajo control y te creí, creí en serio aquello de que eres como los gatos y caes de pie.
No fue así. Nunca lo fue pero pensé que estarías bien y que de algún modo sabrías cómo escapar de esta como lo habías hecho siempre…
No pudiste y… espera, parece que alguien habla… ah, sí, está bien, no señor, haga lo que tenga que hacer y no escatime en gastos, después de todo ella se lo merecía por los años que debió soportar tanto daño…
Casi llegando a la iglesia del Roble, me pregunto en dónde diablos se puede enterrar un alma que se cansó de mantenerme en pie…

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