He escuchado cientos de relatos de hombres que dicen que ya ebrio pues mujer que caiga es buena ¿no? Pues no. No es cierto.
Una vez un amigo me invitó a ir al Rodeo de Media Noche, allá por Zuazua, creo que el lugar ya ni existe, pero en ese tiempo era un lugar de moda donde podías encontrar lo que buscabas. Y me refiero a encontrar de TODO lo que buscaras.
Pues bien, ahí estaba yo, en traición a mi espíritu rockero vestido con aquellas botas y un ridículo sombrero. Vale decir que si no traías botas y sombrero, simplemente no podías entrar.
Adentro todo era humo y olor a cerveza y alcohol, y si de por sí los regios somos codos, pues simplemente ahí estaba la tacañería a su máxima expresión: un whiskey te costaba 100 pesos y un Tecate algo asi como 20 pesos (hablo de años atrás, que conste). Yo traía un Tecate desde hace como tres meses (para no comprar otro) y daba vueltas por el lugar.
Fíjate que antes de pasar a la verdadera historia te diré que escuché tocar en vivo a dos grupos que conocía más o menos y uno me reforzó la idea de que no sirven para nada, pero el otro grupo me sorprendió gratamente.
El primero de ellos era El Poder de Norte. Pésimo grupo que destroza canciones por medio de covers que, recalco, sólo le sirven a la gente ignorante que no tiene idea de que alguien más había cantado esa rola años antes y de mejor manera.
El segundo de ellos era Emilio Navaira y su grupo Río. Vaya, las baladas de este tipo son impresionantes y luego se aventaron un cover, este sí mejor logrado que los del Poder. Hotel California en voz de Emilio tiene un sentido tan peculiar que suena muy chido.
En fin, vamos a la parte importante. Cansado de dar vueltas (las botas y el sombrero pesan, me cae), me estacioné en la barra. Hasta ahí llegó mi amigo ya muy ebrio con una mujer en cada brazo. Te andaba buscando cabrón, mira lo que te encontré. Y me presentó a una pelirroja de cabello lacio y largo, vestida con una faldita de mezclilla muy breve y una blusa blanca de tirantes. Botas y sombrero también traía. La otra era una guera medio corrientona con un pantalón blanco y muy ajustado, tanto que se podía adivinar que la chica no traía ropa interior. Una blusa negra sin mangas remataba sin más la nula belleza de la chica.
Em, ¿y cuál me toca? le pregunté a mi amigo. Pues esta pendejo, me dice señalando su bragueta.
Demonios, hay gente que no merece vivir luego de decir algo así...
Tomé de la mano a la pelirroja y dejé al imbécil de mi amigo y su ocasional acompañante orinándose de risa.
¿Bailamos? me dice ella.
No sé bailar, contesto.
Yo te enseño, dice de nuevo.
Y ahí, en medio del Rodeo de Media Noche, yo trataba de equilibrar el peso del sombrero con el movimiento de mis botas. Fue inútil.
Nos fuimos de nuevo a la barra y la pelirroja aprovechó para pedir 1, 2, 3, 4 chingas wey, esta chica ya se metió 400 pesos en whiskey y yo sin dinero y con el Tecate de hace tres meses.
¿Nos vamos? dijo de pronto y yo sólo atinaba a implorar al cantinero que no me fueran a pegar en la cara por no pagar lo que esta nena se había tomado.
Todavía se le ocurrió pedir un whiskey más y un Tecate para mi. Aún tengo un chorrito, le dije avergonzado. Dale 5 tecates, le dijo al cantinero mientras extendía 600 pesos.
Uh, de haber sabido habría tirado el bote de Tecate que traía en la mano. Me dio lástima porque ya me había acompañado tres meses...
Mi amigo y la guera ya no estaban.
La pelirroja y yo salimos a buscar mi coche y ya con la luz del estacionamiento la miré bien. Hey, no está nada mal la chica, además me acaba de comprar cinco Tecates y eso le agrega un encanto mayor.
¿Me llevas a mi casa? dijo. Por supuesto, soy un caballero a pesar de no tener dinero... tú dime dónde vives y yo te llevo. En San Nicolás, dijo mientras dió un sorbo a su bebida.
En el camino me contó que era edecán de una empresa cervecera y que ese día tuvo mucho trabajo... se sentía cansada y sólo quería dormir. Ya valí madre, pensé con su plática.
Apenas a cinco minutos de que terminó con su bebida, cayó dormida.
En esos caso yo habría aprovechado para tocar sus piernas y poner mis manos bajo su blusa.
De hecho lo hice.
Comencé por acariciar sus piernas y poco a poco fui subiendo el tono de las caricias hasta que llegué a la orilla de su ropa interior. Uy, la sensación era indescriptible, sentir el resortito de su pantie en mi mano me daba escalofríos. Ella sólo se estremecía.
Soy un depravado, lo reconozco, y como tal metí mano bajo su blusa y le acaricié unos deliciosos pechos. Lindos ellos.
Ella sólo se estremecía.
Me estacioné en un lugar oscuro y levante sus piernas para ponerlas sobre mi y acariciarle todo, comenzando por sus pies.
Ella sólo se estremecía.
Soy un depravado, lo reconozco, y como tal, pasé los dedos sobre mi nariz para sentir el aroma de esta mujer.
No jodas.
Asqueroso.
Horroroso.
Olía a rayos, demonios, a pollo en mal estado, a pescado putrefacto, a huevo podrido o a leche fermentada.
No jodas, no sé si a todo eso o cada parte que le acaricié tenía cada uno de esos terribles olores.
La senté de nuevo como estaba y la moví un poco para preguntarle dónde vivía. Medio despertó y me dijo donde y la llevé hasta allá lo más rápido que pude. Me invitó a pasar la noche con ella y quiso besarme antes de bajar pero cerré los labios lo más que pude y ya luego me pidió mi teléfono.
Le di uno que no conocía y me olvidé de ella.
Aquellos que digan que ebrio no vale, por supuesto que vale, por más bella que esté una mujer no vale la pena si huele mal. Y no, no esperaría a que se bañe para hacerle el amor porque ya me quedó su aroma en los dedos y no podría evitar sentir asco cuando la vea de nuevo.
Demonios, capaz de que hasta tenía gusanos... arghhh. Voy a vomitar.
¿Lo que caiga es bueno...?
Author: Zeth /
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada