Pollín siempre ríe. Ríe siempre. No le importa tener tres o cuatro dientes de oro. Rayos, ¿a quién le importa eso cuando eres feliz?
Es nuestro primer juego en el llano del río Santa Catarina. El Real Chihuahua es el equipo a vencer, malamente nos toca en la primer jornada y antes de que termine el primer tiempo ya perdemos tres a cero.
Jorge se lamenta a un lado de la cancha. Pinche portero tan pendejo, esos yo los paro hasta con los ojos cerrados. Miguel, con una actitud de benevolente Buda, con todo y brazos cruzados, sólo mira el juego.
Pollín está entusiasmado y nadie sabemos porqué pero sale revolucionado al segundo tiempo, yo me pregunto porqué no me han sacado del partido en vista de que no hemos hecho nada.
La respuesta llega en un tiro de esquina, yo alcanzo a peinar el balón y llega Pollín a rematar de cabeza.
Gol.
Tres uno nos va ganando el Real Chihuahua.
Entre ellos hay chamacos de 17 años… entre nosotros hay gente de 30 y algo… no se trata de demostrarle nada a nadie. Nos gusta jugar al futbol y eso es suficiente.
Un pase largo y Pollín hace piernas. Logra burlar al portero con un pase mágico y manda el toque preciso para que alguien más anote. Vamos tres a dos y faltan como diez minutos de juego.
Nuevo balonazo a donde estoy yo y corro. No tengo más remedio. Veo que Pollín va escapando sin balón y le respeto el esfuerzo: mando un pase largo a donde no lo pueda alcanzar el defensa que va pegado al Pollín.
El lo baja con suavidad digna de un profesional y con ese modo lo detiene, mira al frente y bombea el balón.
Gol.
Empatamos a tres. Con el Real Chihuahua.
Nadie lo podía creer.
Ayer ví a Pollín. Le dije que era un pendejo. Pollín pudo ser un gran jugador de futbol.
Pollín ahora trabaja para un amigo de él en una casa de empeño.
Pollín pudo ser grande, pero simplemente no quiso…
Pollín siempre ríe, pero cuando me mira, lo hace con tristeza.
Pollín
Author: Zeth /
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