No te has ido aún, así que no te emociones
en tal caso, no diré ni tu nombre
pero sabes a quién le hablo...
en tal caso, no diré ni tu nombre
pero sabes a quién le hablo...
Sentado a la orilla del arroyo, veía cómo nos ponían una severa golpiza en lo que a voleibol se refiere. Miraba a Gil preocupado, a Noé ensuciado, a Toño enojado, a Lalo tomando aire con lo que le quedaba de pulmones y a Zoompie tratando de entender las reglas de tal juego.
Era inútil. Esta vez quedamos fuera de aquellas retas nocturnas en la Infona y, sin remedio, me senté a tu lado y al de Ricardo.
Escuché que platicaban, pero no quise entrometerme, hasta que Ricardo dijo las palabras mágicas. Oye, dijo ¿puedes hacerme un favor? siempre y cuando no sea prestarte dinero, dije sin voltear. No, no es eso, es que aquí mi amiga tiene un problema... hay un tipo que la está siguiendo y necesita que alguien pase por ella.
No molestes a nadie, dijiste.
Sí es molestia, le dije al siguiente día a Ricardo antes de pasar por ti. Tenías (tienes) una cara de intolerante. De sangrona. De pedante. De mírame y no me toques...
Todo eso cambió cuando saliste de aquella tienda vestida de manera tan formal que me sentí ridículo con mi overol blanco con muchas cadenitas. Rayos, si hubiese traído truza en esa noche, me habría quitado el overol.
Supongo que por eso no quisiste abordar el camión ¿que no? ya sabes, aquello de "no vaya a venir un vecino y luego ¿qué dirán? mira con qué clase de pelado viene la vecina...".
Entiendo casi cualquier razonamiento en ese sentido y voy de acuerdo en que nos vayamos caminando.
Platicamos de muchas cosas.
De Mario Benedetti.
De lectura de libros y con eso se pusieron tus ojos más enormes: "¿A poco en serio lees?" y luego dijiste que te parecía que perdía los días sentado en la esquina del Quinto Retorno esperando que saliera Blanca.
Ya no era así. No desde hace tiempo.
Caminamos por la avenida Lincoln durante unos 20 minutos y de pronto me pareció que te veías cansada con esos tacones tan altos. Te pedí que en cuanto te sintieras agotada me avisaras... "¿porqué? ¿me vas a cargar?" dijiste con un divertido brillo en la mirada.
Pasó Fernando por donde nosotros y detuvo su coche más adelante. Preguntó que si queríamos un aventón. Le dije que no, que estábamos a punto de llegar. Oye, dijo, Blanca se mira más linda que de costumbre.
Sobra decir que no era Blanca.
Que eras tú.
No quise explicar más y mira, desde aquel episodio entramos cada día un poco más al mar adentro. 25 años hace.
Y no te emociones, no te has ido aún... es sólo que te quiero mandar un abrazo.
Y un beso. (Los de cocodrilo arrancan cabezas... los míos son un poco más tiernos: sólo acarician tu corazón).

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada