Perros y gatos

Author: Zeth /

Miguitas de ternura yo necesito...

Blanco se esparce cuan largo es en la puerta intermedia de mi lugar. No parece preocuparle gran cosa que sean pasadas las tres de la mañana,
Negra descansa encima de un bote de agua. Sólo levanta la cabeza cuando escucha un ruido y de inmediato vuelve a la posición inicial.
Hay un plato de comida lleno más allá, pero parece que eso no es suficiente atracción: han comido lo suficiente en el día y lo demás sería gula.

-oOo-

Rosa es Doña Rosa. Rosita es para alguien que como ella es pequeña, pero ya es adulta, así que el Doña le cae muy bien. Era feliz en su soledad hasta que llegó Penélope. ¿Que cómo lo hizo? de algún modo atravesó la barrera que le puso la Wendy y ahora se adueñó de la mitad del patio ante el evidente coraje de Doña Rosa. Señora al fin, de a poco encuentra la manera de conversar con la imberbe Penélope sin arriesgar su estatus: ella sabe que sigue siendo la reina de ese patio ubicado en la colonia Hacienda Santa Clara.

-oOo-

Pa, hay un perro en la cochera echado junto a la Wendy, dice Iván. Ah... ¿y qué perro es? no sé, parece un chihuahua. Bien, mételo al patio con Doña Rosa y Penélope, supongo que alguna andará en celo y por eso el husmear de su nariz por esa su casa.
Cuando lo miro de entrada me parece feo, aunque ahora recuerdo que la Penélope también me lo parecía, pero ahora sus acciones tan locuaces le hacen ganar mi simpatía. Esa perra está loca, dicen todos.
Café tiene una mirada de rencor. Un cuerpo de cruza de chihuahua y salchicha, pero ojos feroces. Cuando trato de acercarme tira una mordida. Ayer me puse un picahielazo en el dedo gordo de mi mano izquierda así que saco la mano rápidamente antes de que sus colmillos me atraviesen.
Café es huraño. Igual que Penélope cuando llegó. Igual que Blanco y Negra que ahora ya toman confianza y se meten sin pudor a mi lugar. Todavía voltean con ojos de "ya no tenemos comida wey, ¿hasta qué hora...?".

-oOo-

Café está entusiasmado a pesar de que hay quejas de que orina por todos lados. Doña Rosa y Penélope se tiran en el rincón de la cantina mientras Café brinca y se desvive cuando mira hacia la puerta de la cocina.
Blanco y Negra siguen acá, tirados en la división de la puerta y de pronto me miran con ojos de agradecimiento.
Café y Penélope tienen esos mismos ojos. Wendy y Doña Rosa los entienden... pero yo me pregunto ¿cómo rayos nos llegamos a llenar de perros y gatos?
Creo que los animalitos no tienen un Dios. Pero vaya que saben agradecer una caricia.

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