Somos uno, pero no somos lo mismo...
Siempre me he sentido identificado con la gente que sufre. Llámale empatía o llámale como quieras, finalmente es lo que menos importa. Me siento cerca de Rudy porque a pesar de su pedantería y su falsa riqueza, Rudy lloraba cada noche cuando recordaba que su padre los abandonó cuando apenas contaba con seis.
Me siento identificado con el Negro porque a pesar de que su mamá intentaba día con día levantarle la autoestima llamándolo "cielo... corazón... papito... pedacito" simplemente al Negro le afectaba que su papá siempre estuviera fuera de la realidad: una especie de esquizofrenia lo atacaba y de pronto no sabía ni quién era el Negro y lo sacaba a patadas de la casa.
Negro también lloraba.
Me siento identificado con Jaramillo porque gracias a su cabello largo y su delgado cuerpo blanco, su mamá lo llamaba "La Bruja", apodo que cada que se lo decíamos hacía que derramara una lágrima. No soy una bruja, decía, es sólo que me gusta tener el cabello largo.
Me siento identificado con el Chino, a quien sus papás mandaron de Monclova a Monterrey según ellos a que estudiara, pero lo cierto es que el Chino no servía para eso y sí, en cambio, para tirar golpes. Alguna vez noqueó al Pinocho en el campo de futbol de Valle Verde segundo sector, el mismo en donde Kily reventó un balón ve tu a saber de quién.
El Chino era bueno para los moquetes y de algún modo lo convencimos a que tratara de conectar un buen uppercut en vez de resolver el enorme enigma que le resultaba saber cuánto era dos por dos. El Chino fue campeón de los Guantes de Oro y con ello perdió definitivamente a su familia.
Me siento identificado con Enrique porque llegó a una familia en la que ya estaba todo hecho: un hermano mayor y dos hermanas, una de ellas muy linda. Y luego de su llegada aparecieron tres hermanas más. La mayoría de ellos de distinto padre. Las noches en el techo de los Guzmán Tinajero siempre son inolvidables, con Cristina preparando hot dogs mientras Enrique y yo escuchamos a Iron Maiden.
En esos años éramos uno, pero nunca fuimos lo mismo. Hoy ya no se de ellos ni ellos de mi, sólo espero que en algún recoveco de su memoria se acuerden de aquel chavillo que no tenía un diente y que solía responder "me llamo Ted Nugent" sin que nadie se lo preguntara. Ojala que estén bien todos.

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