Canción de Palacio # 3

Author: Zeth /

No sabes la de cosas que se escuchan
cuando tus paredes son todas de papel


El aire tiene cierto olor a jazmín, un olor dulzón que no percibí nunca antes. Muchos dicen que ese olor es la antesala de la muerte, yo digo que lo que huele así son los crisantemos, pero nadie me entiende.
El olor invade la acera de mi calle y serpentea hasta llegar dos calles arriba, justo donde una camioneta de vidrios oscuros espera pacientemente una señal. Dentro se oye una conversación por radioteléfono. Yo no la escuché, eso me lo contaron los jazmines que ya dieron vuelta a la avenida y están de nuevo aquí, en la acera de mi calle…

-oOo-

¿Me regalarías hielo antes de que comiencen los balazos? le pido al Tabasqueño empuñando en mi mano un gran vaso desechable. ¿Perdón? pregunta atemorizado, si, ya ves que la otra noche, justo cuando cerraste tu local y yo mi taller, comenzaron los balazos allá arriba, no me digas que no te acuerdas.
No, no recuerdo, te lo juro, yo estaba dormido. Yo también, le aclaro mientras palmeo su espalda, pero ¿a poco no escuchaste los plomazos? por favor, no me digas que pensaste lo mismo que yo “…qué rayos, el aire lavado está fallando”.
Llena el vaso y sigue sin mirarme a los ojos.
¿Qué le pasa a este menso? pienso mientras atesoro el hielo que no pude pedirle a la señora del depósito… caray, no sé porqué ahora cerró a las 11:30 y sin avisarme.

-oOo-

La camioneta sigue ahí. Sin señal de vida. Es una linda camioneta a pesar de que muchos dicen que esas sólo las traen los narcos. Ah, chinga, digo yo, ¿o sea que si un día tengo dinero para comprarme un auto deberé comprarme otro Sentra rojo para no llamar la atención? Uh, estaba mejor con el vochito.
Cierro la puerta del taller y me sirvo, como casi todas las noches, medio kilo de sal, medio kilo de hielo y un sorbo de cerveza para no recaer. Em… ¿recaer en qué? ah, si, es que dicen que la cerveza me hace perder la memoria pero, en franca contradicción a tal afirmación, recuerdo una frase de Woody Allen: “Existen dos cosas importantes en el mundo, una es el sexo y la otra… no me acuerdo”.
Otra camioneta, aún más linda que la primera, rueda cuesta arriba a unos 20 ó 30 kilómetros por hora. Qué desperdicio, pienso mientras me acomodo en el trono. Desaparecen sus luces traseras en un retorno y ahora rueda cuesta abajo con los mismos 30 kilómetros por hora en el tacómetro.
Comienza un desfile de trocas (Noé dixit) a cuál de ellas más flamante y sin explicarme porqué los vidrios son tan oscuros que parece que la noche viaja dentro…

-oOo-

Ni modo, maestro, le digo al Tabasqueño, se me acabaron los hielos… es que ¡vieras que pinche calor hace por acá! Me mira con ojos de “no jodas, no ahora que estoy tan preocupado”.
Suenan pasos tras de mi. Un sujeto con botas camina sin vacilar y se coloca a un lado. ¿Dónde está el pinche Arturo? me pregunta. Lo miro con curiosidad y tratando de ser simpático le digo ¿Carmona? ¿Arturo Carmona? chale contigo, ¿no ves la televisión o qué? creo que sale en una telenove…. y en eso miro hacia la puerta: hay otro sujeto igual al que tengo al lado, uno más al lado de la mesa de billar y otro con una camioneta encendida en la calle.
¿Quién es este pendejo? pregunta el sujeto al Tabasqueño. Es un cliente, no le hagas caso, sólo viene por hielo.
El sujeto ya no se digna a mirarme. Dice al Tabasqueño que hable al celular de Arturo. Fina persona él, hace gala de modales y saca una escuadra no sé de dónde con la que encañona al Tabasqueño. Dile que si no viene en este pinche momento te voy a dar un plomazo.
Arturo recibe la llamada. Es radioteléfono y todos escuchamos la conversación. “Arturo, aquí hay un vato que te busca y dice que si en menos de 15 minutos no vienes me dará un tiro en la cabeza…”.
Primero se escucha un beep y luego el silencio total.
Arturo, hey, Arturo, grita el Tabasqueño. No hay respuesta.

-oOo-

Ya no hay camionetas en la calle. Sólo está el Tabasqueño que llora y tiembla en mi taller. “Pinche Arturo tan ojete…”, murmura.
Le digo que no se preocupe: esta noche olía a jazmines… nunca a crisantemos.

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