Para algunos, el futbol es una religión más justa que la propia religión católica. O por lo menos más entretenida.
En el futbol, los santos cambian lustro tras lustro y siempre con evangelios nuevos y cada vez más espectaculares, en cambio en la Iglesia los santos son los mismos de siempre, anquilosados con los sermones de sacerdotes noveles en su mayoría, pederastas en su minoría, que pueden tener todo, menos una sensible vocación para hacer que gente como yo crea en un Dios (quien quiera que este sea).
Estoy harto de escuchar que “en aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos que…”. Qué demonios, todos los sermones de los sacerdotes comienzan igual. Ya leí la Biblia por lo menos veinte veces completita así que no te equivoques: sé perfectamente de lo que hablo.
Ahora la Iglesia católica mexicana se queja porque detienen narcos en el interior de sus iglesias (hey, toc, toc en tu cabeza, o sea, padrecito, tienes fieles que son narcotraficantes y… ¿no te habías dado cuenta?). Acá en la cancha de juego puede haber lavado de dinero, drogos jugando futbol o mafias organizando un torneo, ah, pero ¿a poco no es más divertido?
Hoy se retiró para siempre de las canchas Claudio “El Diablo” Núñez. Pronunciar ese nombre en boca de un rayado de corazón es un insulto a la grandeza albiazul, sin embargo debo reconocer que cuando alguien se dedica con empeño a lo que sabe hacer, poco importan los colores de la camiseta que defiendes.
“El Diablo” nos recetó bastantes goles que hicieron que se retirara invicto en los Clásicos regiomontanos (pero tampoco se emocionen, tigrillos, también Verdirame se retiró invicto en esos duelos).
Hoy se retiró para siempre de las canchas Claudio “El Diablo” Núñez. Y a juzgar por la calidez con la que los ex jugadores Rayados lo abrazaban, alguien tiene que coincidir conmigo en que finalmente somos seres humanos y debemos tener una competencia sana entre nosotros. Más que antagonistas por naturaleza, somos pasajeros de un mismo viaje y habrá que llevar en paz los muchos kilómetros o los pocos metros que nos quedan de vida.
Aunque suene extraño, ojala que Dios (quien quiera que este sea) bendiga a “El Diablo”.
Dios bendiga al Diablo
Author: Zeth /
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