Sólo quiero estar solo. ¿Es eso tan malo?
Michael Jackson
Reunidos en la casa de Don Fernando, veíamos el estreno mundial del video Thriller de Michael Jackson. Ahí estaban Marco, Mayín, Gil, Sandra, Lalín, Alicia, Zoompy, Becerro, Chilo, las Mayelas, Noé y su novia Silvia, Lupe, Mayra y Ricky. El estreno era en tele abierta, pero en la casa había una especie de magia que no tenían las demás: una videocassetera en donde Don Fernando grabaría esa presentación para verla una y otra y otra y otra vez. Y las veces que fueran necesarias.
Nos acomodamos en ese cuarto inconcluso que aun hoy no tiene las paredes resanadas y por donde se cuelan los cucarachos.
Expectantes, mirábamos anuncios comerciales esperando con ansia ese video. Eran los 80. Quizá la mejor época de mi vida.
No alcancé camión hoy. Son las diez de la noche y bajo caminando de la facultad hasta llegar a la avenida Las Torres en espera de algún Sierra Ventana retrasado. Los República ya no caminan y a mi me urge llegar antes de las 11:30 al centro porque a esa hora pasa el último Ruta 35 que nos lleva a Valle Verde. Luego de unos minutos, veo que ya no hay camión alguno y comienzo a caminar por esas Torres hasta llegar a Río Nazas. Tonto de mi, seguía el camino del colectivo para no perderme. No sabía otra manera de llegar al centro más que la de la ruta del camión.
Cuando llegué al cruce de Juan Ignacio Ramón y Juárez, eran las 11:40. No había rastro de camiones y si muchos borrachos pidiendo dinero. Casi lloro.
Veo pasar un Ruta 39 y me subo en el acto. En ese tiempo tenían los mismos colores: camiones rojos con una franja intermedia en color azul, así que en mi desesperación me colgué de ese estribo y cuando llegamos a Bernardo Reyes y Ruiz Cortines, me doy cuenta que el camión sigue de largo. Oiga, me atrevo a preguntar al chofer ¿no va para Valle Verde? No mi chavo, contesta con voz cansada, voy pa´l Topo...
Bajé y ya sin remedio, caminé todo la avenida Ruiz Cortines hasta llegar a Cisne. Ya ahí, me sentí a salvo. Son las 2 de la mañana, me reprocha doña Toña ¿dónde estabas? Caigo en la cama sin responder. Ya mañana será otro día.
Comienza la función. Don Fernando conectó la tele al estéreo, subió el volumen y fue a preparar unas palomitas. Nosotros compramos los refrescos y Gil metió de contrabando unos tecates que sólo él y yo consumimos.
Luego de una serie de comerciales, una respiración agitada se escucha en aquella pantalla que permanece negra, luego el ruido de animales e insectos nocturnos invade el cuarto. Un auto se descompone en lo que parece ser un bosque y entonces sale Michael explicando a una negra linda que no es un truco y que realmente el auto comenzó a fallar.
Creo que en mi vida escucharé una declaración de amor tan más cursi que la que ví en ese video. Para mí, sólo basta un beso para que sepas que te amo. No hay más palabras de por medio.
Fernando el Boxer dice que lo corrieron de su casa y no tiene dónde dormir. Anoche me quedé en la plaza pero la neta que me dio frío, me dice. Don Fernando y Doña Toña andan en Puerto Vallarta con Rocío, Roberto y la Toñis, lo que le da un alivio a los 17 años que tengo de adolescencia y con ganas de pelear con el que se ponga enfrente.
Fernando mi hermano ya trabaja, así que me quedo solo la mayor parte del día y le digo al Boxer que sí, que se puede quedar ahí en la casa mientras encuentre dónde dormir.
Mi hermano no está muy de acuerdo con la idea, pero lo deja quedarse.
Son las 12 del día del siguiente día y veo al Boxer muy ocupado en la cocina. Tiene el horno prendido y unas ramas verdes tostando en un comal. Es que esta madre está verde, me dice, y no puedo esperar a que la seque el sol. El olor de las patas quemadas del chamuco me llega más tarde. Hey, no puedes quedarte más días acá, le digo, no a menos que dejes esa hierba fuera de la casa. Ok, es una lacónica respuesta... ¿puedo traer acá a mi novia? seguro, mientras no hagas cochinadas, le digo.
Michael saca un anillo de su chaqueta deportiva y se lo pone en el dedo medio a la negra guapa. En ese justo momento las chicas reunidas en ese cuarto inconcluso sueltan una lagrimilla. Gil y yo, ya a medias aguas, nos miramos en complicidad: pinches viejas ridículas, decimos sin decir.
Michael confiesa entonces lo que tooodos ya sabíamos: No soy como los demás tipos y tengo que contarte un secreto (chale, si el video estuviera actualizado a nuestra época, mayor impacto habría tenido decir "soy extraterrestre y he venido a abducirte" o "soy la cruza de un borrego y una vaca trompuda y por eso me parezco a uno de los personajes de Guerra de Chistes" o ya de plano decir "¿sabes qué? soy transexual pero no sé porqué demonios me está creciendo de nuevo aquella cosa...").
Convertirse en una especie de Jacko-lobo fue el acabóse: Silvia abrazó a Noé mientras gritaba angustiada y Mayra hacía lo propio con Ricky. Lalín aprovechó el terror para meterle mano a una de las Mayelas mientras yo volteaba a ver al Zoompy: ni se te ocurra, pendejo, me dijo.
En el techo de la casa de Enrique, la vida parece distina. No hay problemas que te agobien ni dificultades que no se resuelvan. Ahí hablamos del profe Oscar Pedro y de la maestra Yamile. Reímos cuando recordamos que su esposo, el profe Mario, escribía en el pizarrón una ecuación sin chiste cuando de pronto se escucha un sonoro pedo. Verdaderamente sonoro.
Todos nos mirábamos con cara de ¿quién chingados es el apestoso? hasta que las miradas convergen en Rosaura. Perdón, atina a decir con el rostro lleno de pecas y enrojecido por la verguenza.
Nadie hizo nada. El profe Mario se da la vuelta lentamente, gis en la mano y lentes en los ojos. Zapatos de discapacitado y panza de sapo. Nos mira a todos severamente y de pronto en sus ojillos surje una chispa. La chispa se hace más grande y se contagia hacia sus labios... de pronto, una inmensa carcajada comandada por el profe Mario llena el aula de aquella secundaria Federal número 2.
Pinche profe, me dice Enrique mientras comemos galletas, jamás pensé que reaccionaría así.
Con una risotada de Vincent Price termina el video de Michael Jackson. Debo reconocer que fue muy distinto a todo lo que se había visto en la época y la manera como Mayra y Silvia abrazaban a sus noviecillos me convenció de que en realidad tenía unos efectos visuales increíbles.
Salimos poco a poco todos y Don Fernando pregunta si queremos ver de nuevo ese video.
Ya es tarde, señor, dice Mayín, además sí da miedo, mejor mañana venimos a verlo cuando todavía no sea de noche.
Murió Michael Jackson pero de acuerdo a la manera como condujo su paso por este mundo, no le guardo respeto alguno y, sin embargo, me hizo recordar esa época de los ochentas, cuando la vida era dura, distinta y feliz, como diría el buen Sabina.
