Thriller

Author: Zeth /

Estoy cansado. No tengo nada qué dar.
Sólo quiero estar solo. ¿Es eso tan malo?
Michael Jackson

Reunidos en la casa de Don Fernando, veíamos el estreno mundial del video Thriller de Michael Jackson. Ahí estaban Marco, Mayín, Gil, Sandra, Lalín, Alicia, Zoompy, Becerro, Chilo, las Mayelas, Noé y su novia Silvia, Lupe, Mayra y Ricky. El estreno era en tele abierta, pero en la casa había una especie de magia que no tenían las demás: una videocassetera en donde Don Fernando grabaría esa presentación para verla una y otra y otra y otra vez. Y las veces que fueran necesarias.
Nos acomodamos en ese cuarto inconcluso que aun hoy no tiene las paredes resanadas y por donde se cuelan los cucarachos.
Expectantes, mirábamos anuncios comerciales esperando con ansia ese video. Eran los 80. Quizá la mejor época de mi vida.

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No alcancé camión hoy. Son las diez de la noche y bajo caminando de la facultad hasta llegar a la avenida Las Torres en espera de algún Sierra Ventana retrasado. Los República ya no caminan y a mi me urge llegar antes de las 11:30 al centro porque a esa hora pasa el último Ruta 35 que nos lleva a Valle Verde. Luego de unos minutos, veo que ya no hay camión alguno y comienzo a caminar por esas Torres hasta llegar a Río Nazas. Tonto de mi, seguía el camino del colectivo para no perderme. No sabía otra manera de llegar al centro más que la de la ruta del camión.
Cuando llegué al cruce de Juan Ignacio Ramón y Juárez, eran las 11:40. No había rastro de camiones y si muchos borrachos pidiendo dinero. Casi lloro.
Veo pasar un Ruta 39 y me subo en el acto. En ese tiempo tenían los mismos colores: camiones rojos con una franja intermedia en color azul, así que en mi desesperación me colgué de ese estribo y cuando llegamos a Bernardo Reyes y Ruiz Cortines, me doy cuenta que el camión sigue de largo. Oiga, me atrevo a preguntar al chofer ¿no va para Valle Verde? No mi chavo, contesta con voz cansada, voy pa´l Topo...
Bajé y ya sin remedio, caminé todo la avenida Ruiz Cortines hasta llegar a Cisne. Ya ahí, me sentí a salvo. Son las 2 de la mañana, me reprocha doña Toña ¿dónde estabas? Caigo en la cama sin responder. Ya mañana será otro día.

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Comienza la función. Don Fernando conectó la tele al estéreo, subió el volumen y fue a preparar unas palomitas. Nosotros compramos los refrescos y Gil metió de contrabando unos tecates que sólo él y yo consumimos.
Luego de una serie de comerciales, una respiración agitada se escucha en aquella pantalla que permanece negra, luego el ruido de animales e insectos nocturnos invade el cuarto. Un auto se descompone en lo que parece ser un bosque y entonces sale Michael explicando a una negra linda que no es un truco y que realmente el auto comenzó a fallar.
Creo que en mi vida escucharé una declaración de amor tan más cursi que la que ví en ese video. Para mí, sólo basta un beso para que sepas que te amo. No hay más palabras de por medio.

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Fernando el Boxer dice que lo corrieron de su casa y no tiene dónde dormir. Anoche me quedé en la plaza pero la neta que me dio frío, me dice. Don Fernando y Doña Toña andan en Puerto Vallarta con Rocío, Roberto y la Toñis, lo que le da un alivio a los 17 años que tengo de adolescencia y con ganas de pelear con el que se ponga enfrente.
Fernando mi hermano ya trabaja, así que me quedo solo la mayor parte del día y le digo al Boxer que sí, que se puede quedar ahí en la casa mientras encuentre dónde dormir.
Mi hermano no está muy de acuerdo con la idea, pero lo deja quedarse.
Son las 12 del día del siguiente día y veo al Boxer muy ocupado en la cocina. Tiene el horno prendido y unas ramas verdes tostando en un comal. Es que esta madre está verde, me dice, y no puedo esperar a que la seque el sol. El olor de las patas quemadas del chamuco me llega más tarde. Hey, no puedes quedarte más días acá, le digo, no a menos que dejes esa hierba fuera de la casa. Ok, es una lacónica respuesta... ¿puedo traer acá a mi novia? seguro, mientras no hagas cochinadas, le digo.

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Michael saca un anillo de su chaqueta deportiva y se lo pone en el dedo medio a la negra guapa. En ese justo momento las chicas reunidas en ese cuarto inconcluso sueltan una lagrimilla. Gil y yo, ya a medias aguas, nos miramos en complicidad: pinches viejas ridículas, decimos sin decir.
Michael confiesa entonces lo que tooodos ya sabíamos: No soy como los demás tipos y tengo que contarte un secreto (chale, si el video estuviera actualizado a nuestra época, mayor impacto habría tenido decir "soy extraterrestre y he venido a abducirte" o "soy la cruza de un borrego y una vaca trompuda y por eso me parezco a uno de los personajes de Guerra de Chistes" o ya de plano decir "¿sabes qué? soy transexual pero no sé porqué demonios me está creciendo de nuevo aquella cosa...").
Convertirse en una especie de Jacko-lobo fue el acabóse: Silvia abrazó a Noé mientras gritaba angustiada y Mayra hacía lo propio con Ricky. Lalín aprovechó el terror para meterle mano a una de las Mayelas mientras yo volteaba a ver al Zoompy: ni se te ocurra, pendejo, me dijo.

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En el techo de la casa de Enrique, la vida parece distina. No hay problemas que te agobien ni dificultades que no se resuelvan. Ahí hablamos del profe Oscar Pedro y de la maestra Yamile. Reímos cuando recordamos que su esposo, el profe Mario, escribía en el pizarrón una ecuación sin chiste cuando de pronto se escucha un sonoro pedo. Verdaderamente sonoro.
Todos nos mirábamos con cara de ¿quién chingados es el apestoso? hasta que las miradas convergen en Rosaura. Perdón, atina a decir con el rostro lleno de pecas y enrojecido por la verguenza.
Nadie hizo nada. El profe Mario se da la vuelta lentamente, gis en la mano y lentes en los ojos. Zapatos de discapacitado y panza de sapo. Nos mira a todos severamente y de pronto en sus ojillos surje una chispa. La chispa se hace más grande y se contagia hacia sus labios... de pronto, una inmensa carcajada comandada por el profe Mario llena el aula de aquella secundaria Federal número 2.
Pinche profe, me dice Enrique mientras comemos galletas, jamás pensé que reaccionaría así.

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Con una risotada de Vincent Price termina el video de Michael Jackson. Debo reconocer que fue muy distinto a todo lo que se había visto en la época y la manera como Mayra y Silvia abrazaban a sus noviecillos me convenció de que en realidad tenía unos efectos visuales increíbles.
Salimos poco a poco todos y Don Fernando pregunta si queremos ver de nuevo ese video.
Ya es tarde, señor, dice Mayín, además sí da miedo, mejor mañana venimos a verlo cuando todavía no sea de noche.

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Murió Michael Jackson pero de acuerdo a la manera como condujo su paso por este mundo, no le guardo respeto alguno y, sin embargo, me hizo recordar esa época de los ochentas, cuando la vida era dura, distinta y feliz, como diría el buen Sabina.



¿Lo que caiga es bueno...?

Author: Zeth /

He escuchado cientos de relatos de hombres que dicen que ya ebrio pues mujer que caiga es buena ¿no? Pues no. No es cierto.
Una vez un amigo me invitó a ir al Rodeo de Media Noche, allá por Zuazua, creo que el lugar ya ni existe, pero en ese tiempo era un lugar de moda donde podías encontrar lo que buscabas. Y me refiero a encontrar de TODO lo que buscaras.
Pues bien, ahí estaba yo, en traición a mi espíritu rockero vestido con aquellas botas y un ridículo sombrero. Vale decir que si no traías botas y sombrero, simplemente no podías entrar.
Adentro todo era humo y olor a cerveza y alcohol, y si de por sí los regios somos codos, pues simplemente ahí estaba la tacañería a su máxima expresión: un whiskey te costaba 100 pesos y un Tecate algo asi como 20 pesos (hablo de años atrás, que conste). Yo traía un Tecate desde hace como tres meses (para no comprar otro) y daba vueltas por el lugar.
Fíjate que antes de pasar a la verdadera historia te diré que escuché tocar en vivo a dos grupos que conocía más o menos y uno me reforzó la idea de que no sirven para nada, pero el otro grupo me sorprendió gratamente.
El primero de ellos era El Poder de Norte. Pésimo grupo que destroza canciones por medio de covers que, recalco, sólo le sirven a la gente ignorante que no tiene idea de que alguien más había cantado esa rola años antes y de mejor manera.
El segundo de ellos era Emilio Navaira y su grupo Río. Vaya, las baladas de este tipo son impresionantes y luego se aventaron un cover, este sí mejor logrado que los del Poder. Hotel California en voz de Emilio tiene un sentido tan peculiar que suena muy chido.
En fin, vamos a la parte importante. Cansado de dar vueltas (las botas y el sombrero pesan, me cae), me estacioné en la barra. Hasta ahí llegó mi amigo ya muy ebrio con una mujer en cada brazo. Te andaba buscando cabrón, mira lo que te encontré. Y me presentó a una pelirroja de cabello lacio y largo, vestida con una faldita de mezclilla muy breve y una blusa blanca de tirantes. Botas y sombrero también traía. La otra era una guera medio corrientona con un pantalón blanco y muy ajustado, tanto que se podía adivinar que la chica no traía ropa interior. Una blusa negra sin mangas remataba sin más la nula belleza de la chica.
Em, ¿y cuál me toca? le pregunté a mi amigo. Pues esta pendejo, me dice señalando su bragueta.
Demonios, hay gente que no merece vivir luego de decir algo así...
Tomé de la mano a la pelirroja y dejé al imbécil de mi amigo y su ocasional acompañante orinándose de risa.
¿Bailamos? me dice ella.
No sé bailar, contesto.
Yo te enseño, dice de nuevo.
Y ahí, en medio del Rodeo de Media Noche, yo trataba de equilibrar el peso del sombrero con el movimiento de mis botas. Fue inútil.
Nos fuimos de nuevo a la barra y la pelirroja aprovechó para pedir 1, 2, 3, 4 chingas wey, esta chica ya se metió 400 pesos en whiskey y yo sin dinero y con el Tecate de hace tres meses.
¿Nos vamos? dijo de pronto y yo sólo atinaba a implorar al cantinero que no me fueran a pegar en la cara por no pagar lo que esta nena se había tomado.
Todavía se le ocurrió pedir un whiskey más y un Tecate para mi. Aún tengo un chorrito, le dije avergonzado. Dale 5 tecates, le dijo al cantinero mientras extendía 600 pesos.
Uh, de haber sabido habría tirado el bote de Tecate que traía en la mano. Me dio lástima porque ya me había acompañado tres meses...
Mi amigo y la guera ya no estaban.
La pelirroja y yo salimos a buscar mi coche y ya con la luz del estacionamiento la miré bien. Hey, no está nada mal la chica, además me acaba de comprar cinco Tecates y eso le agrega un encanto mayor.
¿Me llevas a mi casa? dijo. Por supuesto, soy un caballero a pesar de no tener dinero... tú dime dónde vives y yo te llevo. En San Nicolás, dijo mientras dió un sorbo a su bebida.
En el camino me contó que era edecán de una empresa cervecera y que ese día tuvo mucho trabajo... se sentía cansada y sólo quería dormir. Ya valí madre, pensé con su plática.
Apenas a cinco minutos de que terminó con su bebida, cayó dormida.
En esos caso yo habría aprovechado para tocar sus piernas y poner mis manos bajo su blusa.
De hecho lo hice.
Comencé por acariciar sus piernas y poco a poco fui subiendo el tono de las caricias hasta que llegué a la orilla de su ropa interior. Uy, la sensación era indescriptible, sentir el resortito de su pantie en mi mano me daba escalofríos. Ella sólo se estremecía.
Soy un depravado, lo reconozco, y como tal metí mano bajo su blusa y le acaricié unos deliciosos pechos. Lindos ellos.
Ella sólo se estremecía.
Me estacioné en un lugar oscuro y levante sus piernas para ponerlas sobre mi y acariciarle todo, comenzando por sus pies.
Ella sólo se estremecía.
Soy un depravado, lo reconozco, y como tal, pasé los dedos sobre mi nariz para sentir el aroma de esta mujer.
No jodas.
Asqueroso.
Horroroso.
Olía a rayos, demonios, a pollo en mal estado, a pescado putrefacto, a huevo podrido o a leche fermentada.
No jodas, no sé si a todo eso o cada parte que le acaricié tenía cada uno de esos terribles olores.
La senté de nuevo como estaba y la moví un poco para preguntarle dónde vivía. Medio despertó y me dijo donde y la llevé hasta allá lo más rápido que pude. Me invitó a pasar la noche con ella y quiso besarme antes de bajar pero cerré los labios lo más que pude y ya luego me pidió mi teléfono.
Le di uno que no conocía y me olvidé de ella.
Aquellos que digan que ebrio no vale, por supuesto que vale, por más bella que esté una mujer no vale la pena si huele mal. Y no, no esperaría a que se bañe para hacerle el amor porque ya me quedó su aroma en los dedos y no podría evitar sentir asco cuando la vea de nuevo.
Demonios, capaz de que hasta tenía gusanos... arghhh. Voy a vomitar.

No hay males que duren más que yo II

Author: Zeth /

No cambiaré mi música. No escucharé a Franco de Vita sólo porque a tí te gusta y para que te sientas satisfecha. Debo reconocer que "Tacha la teibolera" de Lila Downs es una asquerosidad hecha canción. Habrá gente a la que le guste. Habrá gente que por complacer finja gustarle. Yo por mi parte opino que es una mierda de canción. En compensación no te obligaré a escuchar a Nacho Vegas: con que me guste a mí basta y sobra y no me hace feliz o infeliz que te guste o no. Simplemente no me importa.

No cambiaré mi forma de amar a alguien. Nunca te diré "cielo", "mami", "cariño" o estupideces parecidas porque sabes que te amo y no es necesaria la melcocha: el día que huelas mis patas y te parezcan asquerosas o que me saque la cerilla de los oídos con las llaves de tu carro, quiero escucharte decir "ay mi cielo, papi, qué lindo eres". Demonios, lamento mucho no estar presente cuando eso suceda porque me daría harta risa.

No cambiaré mi lealtad hacia alguien por culpa de persona alguna. No vale la pena pelearse por nadie en este mundo y sólo lo haré por alguien que me sea absolutamente necesario. Sólo tres personas lo valen en esta vida, a las demás se las puede llevar el diablo si se meten en problemas que yo, por si acaso, ni las manos meteré.

No seré tan hipócrita para decir que creo en Dios y que te tendré en mis rezos luego de que te haya lastimado de manera tan notable. Dios no te creerá. A mí sí porque he sido sincero con él y le he dicho que no le tengo confianza. Hay gente que le miente todos los días con la bandera de "no somos malas personas". El doctor César Lozano los acompañará en el infierno. Malas personas hay en todos lados, la solución es sacarles la vuelta.

No sirve de nada que alguien me diga "no tengo secretos para ti" porqué sé que los tiene. Nunca decimos la verdad completa, como por ejemplo que hay un mes de noviembre y hubo un mes de octubre. O que hay una foto de familia donde lloramos al final.

Adrián, con sus ojos de borrego dopado, me acaba de enseñar el valor de una vida. Comienza el día zero y mañana su continuidad...

Piliscsév, Hungría

Author: Zeth /

En todos lados se cuecen habas, chavo…

Ahí hay muchos eslovacos, chavo (no soy chavo, le he dicho un par de veces, soy mucho mayor que tú así que decirme chavo es una especie de indiferencia que raya en el insulto). También hay muchos ucranianos y rumanos, vaya, hay toda clase de europeos orientales que ya no diferenciamos de dónde es quién en Piliscsév. Ahí es una aldea donde viven más de dos mil gentes y cuando eso sucede, los pobladores cercanos llegan en montón… ¿qué quiere decir montón?

Me cuenta que en Hungría las posibilidades de vida son nulas. No alcanzó a cursar una carrera, pero a los 18 de inmediato se dio cuenta de que Piliscsév no era un lugar para vivir. Para colmo se enamoró de un ucraniano sin saber que lo era y en su aldea la tradición es que te cases con quien eligen tus padres. Por supuesto que ellos eligieron al húngaro vecino que les daba como dote un par de vacas y una hectárea de sembradío.
Yo no estaba hecha para esa vida, dice.

La interrumpo. ¿Y cómo es que escribes tan bien el español? Cuenta que el lenguaje en Hungría es derivado de lenguas romances muy cercanas al latín, así que no es tan difícil aprender, además ya lleva poco más de un año acá y sabe casi todas las palabrotas en español. Eh, pero no sabes qué quiere decir montón, le digo divertido…

Cuando sus padres dijeron que debía casarse con Ferenc, protestó porque ella ya estaba de novia con Leo, el ucraniano llegado de una ex aldea rusa a buscar mejor trabajo en Hungría.
Los padres enfurecieron y mandaron a sus hermanos a golpear a Leo.
Fue como llegué acá, me dice. Seguí las instrucciones de Leo cuando lo visité en el hospital y pregunté cómo había llegado al pueblo.
Un anuncio por Internet.
Busqué en la red algún anuncio que me convenciera y encontré este, mira, te lo voy a copiar para que veas lo que decía:
“Solicitamos modelos con buen cuerpo para publicidad comercial en México, contactar en el correo….”.
Escribí. Mandé un par de fotos y al siguiente día me mandaron dinero para sacar el pasaporte y varios boletos de avión. Nos trajeron a cinco mujeres en varios vuelos por toda Europa hasta que llegamos a Houston, ahí me di cuenta de que nuestra vida sería igual o peor porque había unas mujeres preciosísimas y no tendríamos oportunidad de competir contra ellas.
Aquí no es donde trabajarán, dijo la persona que nos recibió. Esperen a llegar a Monterrey.

Tu ciudad es muy calurosa, dice, ahora entiendo porque la gente tiene el tono de piel oscura. Allá en Piliscsév casi no hay sol, un mes al año y no quema, por eso todos los de allá tenemos la piel transparente. No seas imbécil, no somos vampiros, ellos son de Rumania.

¿Qué si extraño algo de allá? Pues sí… cuando llegué acá junté dinero para traerme a Leo, pero en la última comunicación que tuve con él dijo que se había casado con mi hermana. Pero ¿cómo? le pregunté, si mis papás no me dejaron a mí casarme contigo.
Bueno, dijo, es que logré comprar cuatro vacas y dos hectáreas de tierra…
Ah.
Y, pues, aquí estoy, sin esperanza de regresar a Hungría porque ya no tengo nada allá. Ah, sí, eso sí, tengo dinero, poco, pero no puedo salir a gastarlo porque no nos dejan salir del departamento. Conseguí un novio por acá, pero al poco tiempo me dejó por una yugoslava que recién llegó. Como te digo, en todos lados se cuecen habas, chavo…
Chale... no me digas chavo. ¿Qué es chale? dice.

¿Y cuándo te conoceré? pregunta antes de tomar su turno en la pista de baile.
Cuando conozca Piliscsév, respondo.

Pollín

Author: Zeth /

Pollín siempre ríe. Ríe siempre. No le importa tener tres o cuatro dientes de oro. Rayos, ¿a quién le importa eso cuando eres feliz?
Es nuestro primer juego en el llano del río Santa Catarina. El Real Chihuahua es el equipo a vencer, malamente nos toca en la primer jornada y antes de que termine el primer tiempo ya perdemos tres a cero.
Jorge se lamenta a un lado de la cancha. Pinche portero tan pendejo, esos yo los paro hasta con los ojos cerrados. Miguel, con una actitud de benevolente Buda, con todo y brazos cruzados, sólo mira el juego.
Pollín está entusiasmado y nadie sabemos porqué pero sale revolucionado al segundo tiempo, yo me pregunto porqué no me han sacado del partido en vista de que no hemos hecho nada.
La respuesta llega en un tiro de esquina, yo alcanzo a peinar el balón y llega Pollín a rematar de cabeza.
Gol.
Tres uno nos va ganando el Real Chihuahua.
Entre ellos hay chamacos de 17 años… entre nosotros hay gente de 30 y algo… no se trata de demostrarle nada a nadie. Nos gusta jugar al futbol y eso es suficiente.
Un pase largo y Pollín hace piernas. Logra burlar al portero con un pase mágico y manda el toque preciso para que alguien más anote. Vamos tres a dos y faltan como diez minutos de juego.
Nuevo balonazo a donde estoy yo y corro. No tengo más remedio. Veo que Pollín va escapando sin balón y le respeto el esfuerzo: mando un pase largo a donde no lo pueda alcanzar el defensa que va pegado al Pollín.
El lo baja con suavidad digna de un profesional y con ese modo lo detiene, mira al frente y bombea el balón.
Gol.
Empatamos a tres. Con el Real Chihuahua.
Nadie lo podía creer.
Ayer ví a Pollín. Le dije que era un pendejo. Pollín pudo ser un gran jugador de futbol.
Pollín ahora trabaja para un amigo de él en una casa de empeño.
Pollín pudo ser grande, pero simplemente no quiso…
Pollín siempre ríe, pero cuando me mira, lo hace con tristeza.

No hay males que duren más que yo

Author: Zeth /

Porque las cosas cambian...

Cambié la llanta izquierda del coche. Tenía una bola producto de una defectuosa alineación y un peor manejo… ya no distingo por las noches los bordos que me hacen saltar y pegar en el techo del auto. Además, sospecho que esos rines que algunos dicen son bonitos (son re nacos, me cae, pero no tengo dinero para cambiarlos) dañaron irremediablemente la suspensión y ahora gasto más en llantas que en alcohol. Eso ya es mucho decir.

Cambié la tarjeta madre de mi computadora. No puedo deshacerme de esa perenne necesidad de velocidad y creo que ya exagero. Casi cualquier máquina me parece lenta y por más que le pongo y le quito cosas, me sigue pareciendo lenta. Ah, pero me consuelo cuando enciendo la máquina de Gil: qué demonios le pasa a ese equipo que tienes que decirle “ándale chiquita” para que comience a trabajar normalmente. Eso pasa cuando ves porno a escondidas. Yo por eso no me escondo.

Cambié mis zapatos de minero por unas confortables sandalias que me ventilan hasta el dedo chiquito. Gracias a eso gané un par de fans, pero perdí a otras que pudieron ser interesantes. Ahora manejo por la ciudad enfundado en sandalias y al llegar al trabajo me pongo de nuevo los zapatos de minero. Parezco una dama con tanto zapato en mi auto. Pero ¿qué emoción tendría esta vida si no sabes cambiarte el calzado en un auto en marcha?

Cambié, en forma definitiva, mi panza de borracho. Ya consumo poca cerveza y la cambié por unas piñas coladas deliciosas que vende el vecino de al lado. Esas piñas coladas hacen las veces de un buen laxante, obviamente son más ricas. Además tomo como cuatro o cinco litros de agua al día, el problema es que tengo que pararme cuatro o cinco veces al baño durante la noche. Puede que esa sea la razón de mis ojeras. También puede que la razón seas tú.

Cambié de servicio telefónico y de Internet. Ahora nadie puede localizarme porque tengo un nuevo número además de la ventaja de tener un servicio de Internet súper veloz. Puedo hacer el trabajo en mi taller y aparecer un par de horas en esa redacción que duele y apesta. A Gerardo no le gusta, pero todos deberían saber que eso no me importa.

Cambié mi actitud con la gente que se cree dueña del mundo sólo por su bella cara. Hay una recepcionista nueva, no sé su nombre, y no me interesa averiguarlo, que durante dos sábados seguidos preguntó mi nombre, mientras coqueteaba con dos o tres imbéciles que revoloteaban a su alrededor. Ya te lo dije dos veces, le dije serenamente: no te lo diré una vez más, aunque me digas “porfis”. Estoy seguro que ahora sabe bien cómo me llamo.

Cambié mi estilo de trabajar. Ahora lo hago más rápido y de manera más eficiente, según yo. Me levanto más temprano para ver las noticias antes de meterme en ese mundo de letras, fotos e información y de ese modo ya sé a lo que me voy a enfrentar día con día. Ya no me peleo con el jefe, simplemente le digo que tiene los empleados que paga. Pagas mal, tienes un mal empleado. A veces he tardado hasta tres o cuatro días en cobrar mi sueldo… haz tu propia deducción.

Cambié mi estilo de vestir, antes no me importaba y ahora sí. Trato de sentirme cómodo conmigo mismo y mi ropa y eso se refleja en la mirada de algunas mujeres que antes no me miraban. Pero no, no te equivoques, no lo hice por eso, lo hice porque me siento muy cómodo con mi ropa y lo que piensen ellas o dejen de pensar, realmente no me importa.

Cambié muchas cosas. Seguiré cambiando todo lo que me hacía desear morir. Hoy no tengo ese deseo. Pero lo que no puedo cambiar, es mi amor por ti…

La Soledad

Author: Zeth /

¿Quieres casarte conmigo? Dijo así, de la manera más impersonal posible. Soy salvadoreña y te puedo conseguir un TPS, siempre y cuando vivas conmigo.
Seguí mirando la televisión. La mujer era guapa a pesar de ser salvadoreña.
Esperaba escuchar mi nombre por el megáfono para largarme de ahí, lo mismo me daba ir al Reliant Stadium que al Academy. Traía una camisa blanca recién comprada en la tienda del Ejército de Salvación en la Long Point, justo al lado de la carnicería donde trabajaba Ramiro.
El flamante logo de un club de golf me hizo sentir importante hasta que una voz dijo mi nombre. Ese soy yo, dije con la mano en alto. ¿Sabes inglés? Preguntó el megáfono. Un poco, contesté.
¿What day is today? Preguntó de nuevo una voz como de cincuentaytantos años que debía lidiar con centenas de indocumentados y uno que otro visado, como yo.
Friday, contesté de lo más tranquilo.
¿It´s a raining today? Preguntó de nuevo.
No, there´s a shining day out there.
Ok, contesto la voz, te vas a la Academy.
Hey, protestó la vocecilla salvadoreña, yo hablo mejor el inglés que este tipo.
Bien, si quieres batallar con negros ex presidiarios que te manosearán las ocho horas de trabajo, adelante, toma su lugar.

-oOo-

Los negros son buena gente, siempre y cuando no trates de parecer superior a ellos. Nunca lo han soportado y menos de un mexicano. Cuando llegué al puesto de trabajo, había un decálogo de cómo hablar en español. Para pedir huevos estrellados en español, había que hacer malabares tipo “em… ok… em…. am… web us straight at us?”.
Hasta eso, me tocó un negro simpático. Más de 60 años y hablaba muy pausado, de manera que entendía perfectamente cuando me pidió subir a checar la línea para evitar que el cartón del desperdicio se atorara.
Luego me enseñó cómo comprimir el material y almacenarlo. En una de esas, la máquina que comprimía el desperdicio dejó de funcionar. “Damn”, dijo el negro, “what a fuck…” y se asomó a la máquina. Un negro de más de 60 años no puede tener un buen control de esfínteres, así que se le salió un sonoro pedo al agacharse. Volteó hacia mí y no pude saber si le dio pena o no: los negros no reflejan color alguno.
“Em… ok… em… am… maybe work, dont´ya?” le dije sin convicción. La sonora carcajada de ese negro añejo me dijo que ya tenía un amigo.

-oOo-

La salvadoreña lleva dos días sentada en esa agencia de empleo. Es linda. Mucho. Y eso la envalentona para decir en voz alta que está dispuesta a casarse con cualquiera a cambio de 5 mil dólares, pero aclara que no habrá cópula con ella: sólo el TPS.
La gente reunida ahí en busca de empleo, con un Social Security falso, simplemente ríen de ella. Está pendeja, dicen, si aquí hay jale ¿porqué habría de darle 5 mil dólares y además sin acostarme con ella?
La salvadoreña se acerca y pregunta dónde vivo. Aquí a dos cuadras, le contesto. ¿Y qué música escuchas? Pregunta.
No chava, conmigo te equivocas, no pagaré 5 mil dólares por estar de legal acá.
Se alejó cabizbaja.
Nunca supe si buscaba dinero o compañía, tal como ahora la busco yo…