Ese olor II

Author: Zeth /

¿Tú no hueles a marrano...?

No es que no pueda dormir a mis horas
es que no sé cuáles son ellas
y a veces las busco en la madrugada
pero siempre escapan
.... escapan siempre.

A veces duermo sin poder
y despierto sin querer
como cuando atrapas una mariposa
y con ello rompes sus alas.

A veces tengo sueño
y quiero dormir
pero ni las nubes que bajan del cerro
ni el gallo que canta al alba
me lo permiten.

A veces, cuando alguien toca la puerta
sólo percibo un aroma que ya no está…

En horas hábiles

Author: Zeth /

"...Porque cuando hay amor,
generalmente no hay tiempo para escribir..."
(Maldito Edel... ¿Cómo no se me ocurrió a mí antes?)
Guardar silencio
a veces debería guardar silencio
callar lo que veo, lo que escucho
voltear la cara y no darme cuenta
volver a mis oídos ciegos, y a mis manos mudas,
a mi lengua un trapo y a mi corazón de mármol
tendría que atar mis pasos, quemar mis ojos,
pero resulta que no puedo
no vivo por pasar el rato
ni acumulo ideas para ser más sabio
ni me grabo lo que escucho para repetirlo solo,
siempre a solas, bien alto.

Peleé con algunos por lo que hago
un día crecieron notas de mis dedos
y fueron otros los que las tocaron,
me propuse extrañar tan solo en un horario,
hablo de amor porque lo busco
intento comprenderlo y no me es fácil
evito la intelectualidad tanto como puedo
y me aburro como nunca con quien me toma por eso.

Pasa que no estoy listo,
nunca estoy listo,
y todo me sorprende y me provoca,
me extrañan tanto los aplausos como los abucheos
yo no espero otra cosa que no sea entendimiento
dejar una semilla curiosa que germine con el tiempo.

Estoy jugando, es cierto,
pero es que alguien se robo mi infancia cuando todavía era mía
y no por eso crezco,
y no por eso grito,
grito porque me divierte ver saltar asustados a mis delirios.

A veces cuando salgo camino un largo rato,
sin rumbo fijo, me detengo en los jardines,
me siento en las banquetas y fumo un poco
mientras escribo mentalmente cosas que luego me olvido.
Esa es mi vida, cazar ideas
soñar despierto y casi siempre hablar dormido
y de vez en cuando,
cuando estoy de suerte,
hablar contigo.
Edel Juárez

Nos fuimos mar adentro...

Author: Zeth /

No te has ido aún, así que no te emociones
en tal caso, no diré ni tu nombre
pero sabes a quién le hablo...


Sentado a la orilla del arroyo, veía cómo nos ponían una severa golpiza en lo que a voleibol se refiere. Miraba a Gil preocupado, a Noé ensuciado, a Toño enojado, a Lalo tomando aire con lo que le quedaba de pulmones y a Zoompie tratando de entender las reglas de tal juego.
Era inútil. Esta vez quedamos fuera de aquellas retas nocturnas en la Infona y, sin remedio, me senté a tu lado y al de Ricardo.
Escuché que platicaban, pero no quise entrometerme, hasta que Ricardo dijo las palabras mágicas. Oye, dijo ¿puedes hacerme un favor? siempre y cuando no sea prestarte dinero, dije sin voltear. No, no es eso, es que aquí mi amiga tiene un problema... hay un tipo que la está siguiendo y necesita que alguien pase por ella.
No molestes a nadie, dijiste.
Sí es molestia, le dije al siguiente día a Ricardo antes de pasar por ti. Tenías (tienes) una cara de intolerante. De sangrona. De pedante. De mírame y no me toques...
Todo eso cambió cuando saliste de aquella tienda vestida de manera tan formal que me sentí ridículo con mi overol blanco con muchas cadenitas. Rayos, si hubiese traído truza en esa noche, me habría quitado el overol.
Supongo que por eso no quisiste abordar el camión ¿que no? ya sabes, aquello de "no vaya a venir un vecino y luego ¿qué dirán? mira con qué clase de pelado viene la vecina...".
Entiendo casi cualquier razonamiento en ese sentido y voy de acuerdo en que nos vayamos caminando.
Platicamos de muchas cosas.
De Mario Benedetti.
De lectura de libros y con eso se pusieron tus ojos más enormes: "¿A poco en serio lees?" y luego dijiste que te parecía que perdía los días sentado en la esquina del Quinto Retorno esperando que saliera Blanca.
Ya no era así. No desde hace tiempo.
Caminamos por la avenida Lincoln durante unos 20 minutos y de pronto me pareció que te veías cansada con esos tacones tan altos. Te pedí que en cuanto te sintieras agotada me avisaras... "¿porqué? ¿me vas a cargar?" dijiste con un divertido brillo en la mirada.
Pasó Fernando por donde nosotros y detuvo su coche más adelante. Preguntó que si queríamos un aventón. Le dije que no, que estábamos a punto de llegar. Oye, dijo, Blanca se mira más linda que de costumbre.
Sobra decir que no era Blanca.
Que eras tú.
No quise explicar más y mira, desde aquel episodio entramos cada día un poco más al mar adentro. 25 años hace.
Y no te emociones, no te has ido aún... es sólo que te quiero mandar un abrazo.
Y un beso. (Los de cocodrilo arrancan cabezas... los míos son un poco más tiernos: sólo acarician tu corazón).

Ella

Author: Zeth /

Look inside the mirror, but I don't know who I see.
Smoke another cigarette, a smile holds back the tears.
These contradictions seem to be the story of my life.
A simple man with memories of those long lost golden days.
I close my eyes and slowly driftaway.

Cuando llegué a la cima del Boulevard Acapulco, ya estaba ella en el lugar, con su cuadernillo de notas y tomando datos, pero con un enorme pesar en la mirada.
Le pregunto que quién es el 51. Me mira curiosa y dice “¿el qué….?”. El 51 le repito, tú sabes ¿no? La jerga de los reporteros de policía…
Ah, responde, es que yo no soy reportera policiaca, soy de Cultura. Ah, contesto del mismo modo… y supongo que esta nota saldrá en la sección Cultural ¿Qué no?
Trata de sonreir, pero no puede. ¿Te pasa algo? Pregunté por fin.
Es que la persona que está ahí, muerta sin remedio, era vecino mío y todos los días me lo topaba por estas calles, los dos vivimos aquí abajito en Las Brisas y pues simplemente sí me afectó hallarlo de pronto ahí tirado, ya sin vida, con el rostro de que…. caray, no sé porqué te platico esto, no sé ni quién eres.
Soy reportero también, y aunque no lo creas, también soy de la sección Cultural en otro periódico, pero circulaba por aquí y me llamó la atención el tumulto, así que bajé para averiguar qué pasa y porqué tienes el rostro desencajado.
Ella contó entonces que a diario pasaba por el lugar y miraba a su vecino trotar por el parque ubicado al otro lado de la loma, ahí en Garza Sada. Cuando vengo del trabajo, decía, paso por aquí y siempre lo saludaba. Era un vecino de la misma calle donde vivo y duermo, pero además de eso tenía una historia muy triste: a su hija la secuestraron un día y no pudo pagar el rescate. La encontraron muerta “presumiblemente” ahogada en una alberca… su esposa no soportó la pérdida y luego de tratar de encontrar solución con algunos psicólogos, decidió que ya era demasiado y una pistola fue su alivio. Mi vecino cayó en un estado de total depresión y encontró de pronto que la mejor manera de curar algunos males era salir al aire, caminar, escuchar la música que canta la tarde cuando quiere ser noche, y sin embargo le detectaron un mal cardiaco. ¿Ves el frasco de pastillas que trae en su mano? Posiblemente no alcanzó a tomar el medicamento… dicen que murió de un paro cardiaco… yo digo que se le partió el corazón.

-oOo-

Es el evento anual de recolección de fondos de la Cruz Roja. Cuando llegué a la cima de la colonia Anáhuac, ya estaba ella en el lugar, con su cuadernillo de notas y tomando datos, pero esta vez me saludó con un beso en la mejilla. ¿Qué te habías hecho? pregunta. Pues nada, aquí tratando de conseguir noticias, pero oye… apenas hace dos días que te conocí ¿cómo que qué me he hecho?
No me hagas caso, dijeron sus lindas mejillas. Una voz nos dice que el evento ha terminado y que en la mesa hay bocadillos para todos. Muero de hambre, dijo, pero en el periódico no me permiten recibir obsequios. Sólo estamos tú y yo, le comento… y yo no diré nada.
No puedo, dijo resignada… ¿me invitarías a comer? Por supuesto, le digo, larguémonos de aquí y vamos a comprar una buena comida corrida. Bien, contestó ella, pero yo pago el taxi, al fin y al cabo que ese sí lo cubre el periódico.
Comimos una milanesa empanizada acompañada de arroz y frijoles. La tarde se nos fue de tal modo que a las 7 de la casi noche ella recordó que debía cubrir la presentación de la Sinfónica de la UANL en el Teatro Universitario.
Con temor, pregunta que si puedo acompañarla. Mis ojos le dicen que no podrían dejar de ver los suyos en tan poco tiempo. Vamos allá y sirve que consigo una nota más.
Hay reglas no escritas en la presentación de una Sinfónica, me explicó, no llegues tarde, no aplaudas hasta que llegue el intermedio y por favor, no grites “bravo, bravo…”.
Entiendo.
La Sinfónica es sencillamente impresionante. Jamás había escuchado una armonía como aquella en la música y como tal me emocioné y tomé su mano. No la retiró y, al contrario, se recargó en mi hombro.
Terminó la presentación y dijo que si podíamos caminar a su casa, a pocas calles del lugar. Tomé de nuevo su mano y avanzamos platicando de niñerías y cosas sin importancia. Al llegar, un tipo completamente ebrio le reclamó el porqué la llevaba yo tomada de la mano. Ella no supo explicar y sólo dijo: tú ya no eres más mi novio,
Discutieron agriamente hasta que el sujeto se fue.
Ella, avergonzada, dijo que me pediría un taxi para que me llevara a la casa. No es necesario, le dije, sé cómo llegar desde acá.
Otro sujeto de mayor edad pero en igual estado de ebriedad sale de su casa y me dice que si quiero una caguama… es mi padre, dice ella.
Agradezco la invitación, pero le digo que es hora de dormir.
Ella me abraza y besa mi mejilla. Siento que una lágrima nos une y le digo al oido que no se preocupe, que mañana las cosas irán mejor.
Mañana salgo de vacaciones, dice, visitaré a unos familiares en Denver.
Te extrañaré, le digo nuevamente al oido.
Ella tiene un nombre. Pero es un nombre tan especial que no pronunciaré o escribiré jamás.
En Denver tuvo un accidente automovilístico… dicen que murió por las múltiples lesiones… yo digo que se me partió el corazón.

El gato blanco

Author: Zeth /

Tengo un gato blanco que no sabe de música.
Sabe cuando tiene hambre o cuando tiene sed.
Sabe cuando su hermana, una gata negra, no está a su lado.
Sabe descansar todos los días porque, al fin y al cabo, siempre tiene agua y un poco de comida.
Tengo un gato blanco que me mira.
Tengo un gato blanco al que no le importa que lo mueva con el pie cuando está descansando... simplemente cambia de posición y sigue dormido.
Tengo un gato blanco al que no le importa que le llame flojo, huevón o indiferente.
Ese gato blanco duerme y parece que muere, pero no está muerto.
Tengo un gato blanco que no sabe de música, pero cuando escucha a Bunbury, hace un seña con su pata derecha ¿puedes subirle al volumen? dice antes de acomodarse de nuevo y seguir descansando...
Yo tengo un gato blanco.

Y tenemos que cargar con eso...

Author: Zeth /

Somos uno, pero no somos lo mismo...

Siempre me he sentido identificado con la gente que sufre. Llámale empatía o llámale como quieras, finalmente es lo que menos importa. Me siento cerca de Rudy porque a pesar de su pedantería y su falsa riqueza, Rudy lloraba cada noche cuando recordaba que su padre los abandonó cuando apenas contaba con seis.
Me siento identificado con el Negro porque a pesar de que su mamá intentaba día con día levantarle la autoestima llamándolo "cielo... corazón... papito... pedacito" simplemente al Negro le afectaba que su papá siempre estuviera fuera de la realidad: una especie de esquizofrenia lo atacaba y de pronto no sabía ni quién era el Negro y lo sacaba a patadas de la casa.
Negro también lloraba.
Me siento identificado con Jaramillo porque gracias a su cabello largo y su delgado cuerpo blanco, su mamá lo llamaba "La Bruja", apodo que cada que se lo decíamos hacía que derramara una lágrima. No soy una bruja, decía, es sólo que me gusta tener el cabello largo.
Me siento identificado con el Chino, a quien sus papás mandaron de Monclova a Monterrey según ellos a que estudiara, pero lo cierto es que el Chino no servía para eso y sí, en cambio, para tirar golpes. Alguna vez noqueó al Pinocho en el campo de futbol de Valle Verde segundo sector, el mismo en donde Kily reventó un balón ve tu a saber de quién.
El Chino era bueno para los moquetes y de algún modo lo convencimos a que tratara de conectar un buen uppercut en vez de resolver el enorme enigma que le resultaba saber cuánto era dos por dos. El Chino fue campeón de los Guantes de Oro y con ello perdió definitivamente a su familia.
Me siento identificado con Enrique porque llegó a una familia en la que ya estaba todo hecho: un hermano mayor y dos hermanas, una de ellas muy linda. Y luego de su llegada aparecieron tres hermanas más. La mayoría de ellos de distinto padre. Las noches en el techo de los Guzmán Tinajero siempre son inolvidables, con Cristina preparando hot dogs mientras Enrique y yo escuchamos a Iron Maiden.
En esos años éramos uno, pero nunca fuimos lo mismo. Hoy ya no se de ellos ni ellos de mi, sólo espero que en algún recoveco de su memoria se acuerden de aquel chavillo que no tenía un diente y que solía responder "me llamo Ted Nugent" sin que nadie se lo preguntara. Ojala que estén bien todos.

Perros y gatos

Author: Zeth /

Miguitas de ternura yo necesito...

Blanco se esparce cuan largo es en la puerta intermedia de mi lugar. No parece preocuparle gran cosa que sean pasadas las tres de la mañana,
Negra descansa encima de un bote de agua. Sólo levanta la cabeza cuando escucha un ruido y de inmediato vuelve a la posición inicial.
Hay un plato de comida lleno más allá, pero parece que eso no es suficiente atracción: han comido lo suficiente en el día y lo demás sería gula.

-oOo-

Rosa es Doña Rosa. Rosita es para alguien que como ella es pequeña, pero ya es adulta, así que el Doña le cae muy bien. Era feliz en su soledad hasta que llegó Penélope. ¿Que cómo lo hizo? de algún modo atravesó la barrera que le puso la Wendy y ahora se adueñó de la mitad del patio ante el evidente coraje de Doña Rosa. Señora al fin, de a poco encuentra la manera de conversar con la imberbe Penélope sin arriesgar su estatus: ella sabe que sigue siendo la reina de ese patio ubicado en la colonia Hacienda Santa Clara.

-oOo-

Pa, hay un perro en la cochera echado junto a la Wendy, dice Iván. Ah... ¿y qué perro es? no sé, parece un chihuahua. Bien, mételo al patio con Doña Rosa y Penélope, supongo que alguna andará en celo y por eso el husmear de su nariz por esa su casa.
Cuando lo miro de entrada me parece feo, aunque ahora recuerdo que la Penélope también me lo parecía, pero ahora sus acciones tan locuaces le hacen ganar mi simpatía. Esa perra está loca, dicen todos.
Café tiene una mirada de rencor. Un cuerpo de cruza de chihuahua y salchicha, pero ojos feroces. Cuando trato de acercarme tira una mordida. Ayer me puse un picahielazo en el dedo gordo de mi mano izquierda así que saco la mano rápidamente antes de que sus colmillos me atraviesen.
Café es huraño. Igual que Penélope cuando llegó. Igual que Blanco y Negra que ahora ya toman confianza y se meten sin pudor a mi lugar. Todavía voltean con ojos de "ya no tenemos comida wey, ¿hasta qué hora...?".

-oOo-

Café está entusiasmado a pesar de que hay quejas de que orina por todos lados. Doña Rosa y Penélope se tiran en el rincón de la cantina mientras Café brinca y se desvive cuando mira hacia la puerta de la cocina.
Blanco y Negra siguen acá, tirados en la división de la puerta y de pronto me miran con ojos de agradecimiento.
Café y Penélope tienen esos mismos ojos. Wendy y Doña Rosa los entienden... pero yo me pregunto ¿cómo rayos nos llegamos a llenar de perros y gatos?
Creo que los animalitos no tienen un Dios. Pero vaya que saben agradecer una caricia.

Canción de palacio # 2

Author: Zeth /

Y a veces oigo a las ratas que roen la pared

Noté que era linda desde el preciso instante que entró al cibercafé. A pesar de su pants de color celeste deslavado y con sospechosas manchas, su blusita hacía contraste por su blancura.
Tiene el cabello castaño atado con una liga y su cuerpo no tenía más peros: en verdad era linda con esos ojos verdes marinos y sus labios rosas.
Hey, me dijo divertida para quitarme lo embelesado, ¿te interesan estas tarjetas de acceso a Internet?
Por favor, le dijeron mis ojos… mira a tu alrededor, tengo 7 máquinas funcionando con acceso a la red… ¿porqué habría de comprarte esas tarjetas?
Bueno, puedes venderlas aquí, me dijo todavía sonriendo. Ah, le contesto, o sea que les vendo tarjetas de acceso a Internet para quedarme sin clientes, ¿es así?
Avergonzada, deja de reír, pero su mirada es muy coqueta. Necesito dinero, dijo mientras voltea nerviosamente a mirar un auto blanco con tres sujetos de no más de 20 años.
Lo siento chava, no puedo ayudarte.
Por favor, dicen sus ojos…
Lo siento… no puedo.
Sale apresuradamente del ciber y sube al auto.
El reloj marca las tres de la tarde de un día muy caluroso y tengo que salir de aquí.
Cinco horas después regreso.
Un minuto después regresa ella.
Viene ahora recién bañada y con un aroma corporal bastante excitante. Ya no trae el cabello atado y sus piernas brillan bajo una breve falda de mezclilla. Tiene unos pies demasiado lindos.
Ya te dije que no necesito esas tarjetas, le digo.
Hace una mueca y dice que ahora no viene a ofrecer nada, que sólo necesita conectarse a Internet.
Ok. Le libero una de las máquinas y me olvido de ella.
Son casi las 11 y es la única cliente del lugar. No me desespero porque finalmente casi siempre duermo a partir de las tres de la mañana, así que aún dispongo de cuatro horas.
Poco antes de las 12, sacude su cabello, alisa su falda, se acomoda los pechos y se acerca a pagarme.
¿Cuánto te debo? dice.
30 pesos, contesto ya sin mirarla.
No tengo dinero para pagarte, dice.
Bien, regresa cuando lo tengas, por mi no hay problema.
Nunca tengo dinero, dice mientras pone su mano en el monitor de mi computadora.
La miro lentamente. De verdad que es linda. Piel muy blanca, aroma muy excitante, cabello muy bien cuidado y labios demasiado rosas como para no besarlos. Lo único que desentona es su mirada sin brillo y las ojeras que le atacan los verdes ojos.
Bien, no me pagues, le digo, esto es cortesía de la casa.
Puedo pagarte de otra forma, dice coqueta.
No es necesario.
¿No te gusto?
Sí, me gustas, pero no veo a dónde va esta plática.
Puedo quedarme contigo.
No quiero.
Si quieres.
No, no quiero.
Mueres por mí.
Ya estaba muerto antes de que llegaras, que seas linda no hace diferencia…
Hace un gesto de fastidio y dice que necesita droga.
Lo sabía. No tengo nada para darte, en ningún sentido, lo más que puedo hacer es llevarte a tu casa.
No puedo llegar, no así.
No puedo hacer nada más por ti entonces.
¿Podrías darme un abrazo?
Claro, siempre y cuando te sea necesario.
Lo es.
La abrazo y siento su cuerpo tibio, palpitante, sollozante. Se aferra a mi cuello y trata de besarme, pero se arrepiente y me suelta.
¿Me llevas a casa?
Claro.
Vivía en Cumbres segundo sector.
La siguiente vez que la ví, estaba muerta. Una ocasional pareja le consiguió algo de coca y tuvo una sobredosis.
Su cuerpo desnudo estaba bajo un puente cerca del Libramiento Noreste, en Ciudad Mitras.
En las fotos periodísticas se veía igual de frágil como cuando aquel día entró al cibercafé.
No tengo ninguna duda que era una mujer muy linda.
Tampoco me queda duda que de haberme quedado con ella aquel día, habríamos muerto los dos en ese abrazo que aún ahora siento alrededor de mi cuello.
Lo siento, Alejandra.

Pavarotti

Author: Zeth /

E quell’amore non so pi aspettare

En aquella grabadora de Miguel que parece más un calentador eléctrico, suena la voz de Valentín Elizalde.
En esos meses tenía dos cosas muy claras: poca tolerancia al Vale y mi corazón puesto lejos de ahí.
Sin embargo aguanté callado varias rolas del Vale hasta que comenzó a sonar una canción que habla de una papa y todos se pusieron ya sea a bailar o a cantar.
Es suficiente, dije.
Me paré a bajar el volumen
Quiero escuchar a U2, a Bon Jovi, a Goo Goo Dolls o a quien quiera que se le parezca, pero no estoy dispuesto a escuchar más de esta mierda: ustedes llevan tres horas escuchando lo que este imbécil cantante les quiere transmitir y ahora me toca a mí.
Luego de un prolongado silencio, todos soltaron la carcajada. Pinche Yayo, creímos que hablabas en serio.
Sin inmutarme, pregunté a Javi qué significaba para él esa canción del Vale que dice “Soy así…. Asiiii naciiii y asiiii me morireeeé…”.
Javi adoptó la postura de director de escuela que es y me dijo, tartamudeando, bueno, es que esas canciones las escuchamos para liberarnos del estrés porque no podemos ponernos ahora a escuchar temas deprimentes porque entonces ¿qué sería de nuestra vida?
Ajá, fue el gesto que dijeron mis ojos. Y… ¿qué es de tu vida? pregunté.
Silencio.
Miguel interviene y dice que no podemos ponernos a escuchar temas reflexivos en una pachanga. Ah, ok, entonces en las pachangas es necesario escuchar temas estúpidos como los del Vale, contesto.
Se acerca Gordo y me dice qué ¿a poco no te gusta el Vale? Reviro rápidamente y pregunto, qué… ¿a ti sí te gusta? Dame una buena razón, ese tipo no canta, no baila, no recita y no hace nada bien, salvo lavar dinero de los narcos. ¿Eso es lo que te apetece?
No sabe qué decir y se retira.
Y desfilan todos sin poder convencerme de que el Vale es la octava maravilla del mundo.
Oigo que murmuran y mandan a Javi a tratar de convencerme de que suelte la grabadora: Qué, ¿te crees muy chingón porque escuchas a Pavarotti?
Francamente nunca había escuchado a Pavarotti, salvo cuando canta con Passengers la rola de Miss Sarajevo.
Ahora, varios años después de esa discusión, creo que sí me siento muy chingón: pocos pueden apreciar la belleza de voz que tenía Luciano y que, combinado con U2, es de las obras maestras que deambulan por la vida.
Ahora cuando ponen en la grabadora de Miguel que parece más un calentador eléctrico temas del Coyote o del Chapo de Sinaloa, me consuela saber que, dentro de pocos minutos y ya en la soledad que me identifica, podré escuchar lo que me gusta sin tener qué explicarle al mundo que la música va más allá de un simple corrido norteño que habla de traficantes. La música te hace crecer y de pronto te das cuenta que, por lo menos en ese sentido, estás rodeado de enanos…

Canción de palacio # 1

Author: Zeth /

...La mujer del tiempo anuncia un vendaval

Luis tiene 21 años, apenas uno más que Iván, pero él no tiene la mirada ensoñadora y aún infantil del amarguetas que duerme de día y vive de noche.
Luis se arma historias diarias que lo llevan a ningún lado porque hoy ya no recuerda la mentira que inventó ayer y la de hoy será por demás contradictoria con la de mañana. Luis cree que no nos damos cuenta, pero algunos tenemos una infinita bondad con la gente que miente: simplemente pasamos el capote por su lomo, sin mancharnos de sangre, y los dejamos ir... como cualquier toro de lidia, los que mienten saben que su único e invariable final será el sacrificio.
Luis llegó frente a mi puerta un día y dijo que era especialista en lavar autos. Yo le miré y si hay personas que no tolero en el mundo, son los que se atreven a decir que mi auto es un cochinero viajando por la ciudad. No me interesa, le dije tras dejar de mirarlo.
Se fue sin comentario alguno. Minutos más tarde, llegó Arturo y dice que no sea gacho, que ayude a Luis porque se acaba de quedar sin trabajo. Según Arturo, Luis era auxiliar de contabilidad en una tienda de ropa y por motivos de crisis económica de pronto se vio un día en la calle, cargando en una mano cubeta con polish, cera, shampoo, cepillos y esponjas y en la otra mano una aspiradora según él tan potente que te absorbería un ojo si quisieras asomarte a ella. Pregunto ¿a quién le interesa asomarse al interior de una aspiradora? Eso es obsceno e insano...
Ok, dije a Arturo, le diré que lave mi auto pero sólo por cuestión de humanidad porque si hay algo que adoro en este mundo, es hacer las cosas como yo quiero y si eso incluye no lavar el auto, merezco respeto.
¿Trescientos pesos...? tú debes estar loco, le digo a Luis. Yo jamás pagaría cifra semejante porque alguien me lave el auto. Vamos, te la pondré fácil: un día Nelly me pidió lavar su coche, puedo hacerlo, le contesté, pero eso te costará un par de caguamas. Trato hecho, me dijo. Luis ¿sabes cuánto cuesta un par de caguamas? si lo sabes, y lo sé porque hueles a cerveza. Ajá, cuestan 37 pesos, así que si sabes algo de matemáticas, sabrás que me quieres cobrar poco menos que el mil por ciento que cobré yo algún día. Definitivamente no me interesa.
Bueno, dijo Luis ya confundido, pero tú eres amigo de Arturo y a los amigos les cobro la mitad. Yo no soy tu amigo, dije. Pero eres amigo de Arturo y eso te convierte automáticamente en amigo mío.
Hay argumentos que conviene mejor no discutir y con tal de quitármelo de encima dije, "ala, majo, que se hace tarde". En sus ojos leí "y este pinche loco de qué me habla...".
Luis hizo un buen trabajo. Este auto te da un par de chicas por kilómetro, pero estaba demasiado marrano, ahora ya puedes salir a galanear, me dice tratando de hacerse el chistoso.
Le pago y doy por terminada nuestra relación laboral, pero me lo encuentro en menos de cinco minutos con un par de caguamas en la mano. Qué... ¿nos la chupamos? eso me recordó un mal chiste: em... ¿las caguamas son para darnos valor o para enjuagarnos la boca...?
Las dos caguamas se multiplican aritméticamente y se vuelven cuatro y luego seis. Luis ya casi se gastó lo que le pagué por lavar el auto. Platica historias incoherentes acerca de que trabajaba en C&A no como auxiliar de contabilidad sino como empleado de piso. Dice que su novia está de visita en Beijing con su hermano que cursa una carrera allá. Asegura que ella lo quiere mucho y por nada del mundo lo dejaría a pesar de que ella estudia en el Tec y el lava autos.
Luis ya no puede sostenerse en pie, pero asegura que dejó la prepa para ser una especie de gigoló.
Le comento que eso puede ser más placentero que andar lavando autos. Te equivocas, dice, te encuentras con cada vieja sucia... No puedo menos que coincidir con él.
¿Y no piensas seguir en la escuela? no, dice lacónicamente, ya tengo 21 años y me sentiría extraño en un salón de clases.
Luis inicia una perorata acerca de lo que es su vida, la de su novia, la de sus amigos y la manera en que peleaba con sus padres porque ellos querían que siguiera en la escuela.
Escuchando su plática, Luis me hace pensar que es este un mundo extraño, donde hay gente que deja pasar la última oportunidad de ser feliz, mientras otros caminan primero, luego corren, buscando la casi exacta posibilidad de ser infeliz.
Luis tiene 21 años y se retira tambaleándose. Todavía tiene voz para pedirme cien pesos prestados que, por supuesto, se los niego.
Luis es un prospecto de alcohólico que no escucha la voz de la mujer del tiempo que dice que se le acerca un vendaval...

Naya Itzel Monfil Reyes dijo...

Author: Zeth /

Ese dia soñé con un angel
sus palabras susurraban tu olvido
mientras mi alma se aferraba
a tu recuerdo.

Era sueño y no lo olvido
desperté teniéndote a mi lado
y este miedo que me había
carcomido se alejaba lentamente
entre tus brazos.

Era un sueño y no lo olvido o
mi alma necia y loca que se
aferra a un recuerdo o a los
besos de tu boca.

Lentamente me despierto y
me obligo a la distancia de
sólo verte entre mis sueños
y despertarme con mis ansias.

La distancia sana todo,cura
heridas y malestares y este
imsomnio que no olvida los
consejos de tu madre.

Te llevaré entre mis sueños
vida mía, hasta que se seque
el mar y sane mi alma mal herida
hasta el día que me lluevan tus besos
en el cuerpo y vuelva a soñar
con aquel día.