I´m in love with my car...

Author: Zeth /

Conducir. No me gusta manejar. Lo hago por mera necesidad y con ello acudo a mis ojos que ven la vida circular en coches más allá, calles más atrás… gente que no se cansa de hablar por celular mientras maneja y maneja sin parar.
En esta carretera imperan las placas de Texas. Todos ellos tienen carros lindos. Todos ellos, hasta los que llegaron de arrimados y hoy se sienten un paso más allá. Qué pasó, primo, te dicen con falsa amabilidad, “what the fuck is this shit?” preguntan mientras señalan mi autito.
Ah, ese es mi coche, pero no soy yo, contesto amablemente.
Y veo sus autos, Escalade, Malibu, Tahoe, un BMW y varios etcéteras. Sonrío con burla.
“What the fuck is this shit?” repito su pregunta y cuando todos ellos responden que son carros recién sacados de la agencia, les pido que me disculpen: estaba hablando con los autos.

The Game Day

Author: Zeth /

En un lugar rodeado de montañas donde lo impredecible es una posible realidad, sentarse a mirar un juego de futbol puede resultar una riqueza anecdótica que nos dará de qué hablar por lo menos una semana. Poco importa la lluvia de balas o que el PIB se desplomara con cargo a la influenza: esos temas son para los políticos, acá tráeme una cheve y unas cocas para mis chavos y que de la política nacional y la seguridad local, pues que se ocupen quienes se ocupan. Lo curioso es que los que deberían ocuparse de esos asuntos están allá enfrente, sentados en las localidades más caras y pensando “bah, no creo que en pleno día de partido (game day, the gringos dixit) alguien tenga la ocurrencia de soltar una balacera”.

Sentarse a ver un juego de futbol es peligroso porque revela pasajes de la personalidad que quieres esconder cuando no hay partido. Esa fue falta, dice un alterado, a ese cabrón deberían llevarlo ante el ministerio público, mira que pegarle así a Lucas Lobos. Pero cuando Lobos patea en un partido “amistoso” a un contrario, ah, no, ahí se estaba defendiendo. Destilando maniqueísmo, comemos semillitas…

Juega Tigres contra Jaguares y la desesperación se apodera de los seguidores. Van perdiendo uno a cero y quedan diez minutos de partido… sacan un arrugado billete de a cincuenta para la cerveza sin despegar la mirada del televisor y sin recordar que esos cincuenta eran para la gasolina no de mañana: de toda la semana.
Mañana conseguirán dinero prestado. Siempre ocurre y nunca pagan.
¡Hey! ¿qué marca ese arbitro vendido? Gritan en coro. Hay que ver la jugada, digo sin alterarme. En la magia de la televisión, la repetición instantánea es un hecho que se ignora cuando la pasión se nos recarga en el hombro.
Ah, si… no era falta, dicen después de ver por ochocientos ángulos distintos que nadie le pegó al “Kikín” Fonseca.
Faltan pocas horas para el Clásico regiomontano. Uno de esos pocos partidos que no me gusta ver por el apasionamiento de los antagonistas. Los jugadores ganan millones de pesos por hacer algo que les gusta, nosotros les pagamos por que nos hagan sufrir cada semana.
Parece absurdo. Lo es.

Diputados que apuestan sus bigotes, sobrinos que apuestan el sueldo de la semana, promesas de que si gana Tigres dejaré de fumar o que si gana Rayados dejaré de tomar.
Fantasías puras que se esfuman alegando errores arbitrales: no me cortaré el bigote porque el árbitro nos anuló un gol legítimo. No te pagaré por que no jugó Suazo y sin él Rayados no son nada. Dame un cigarro, al cabo empataron. Pásame una cheve…

Desde el minuto siguiente al silbatazo final, comienzan las pullas: te dije que los íbamos a golear, no, yo te dije que las gatas no sirven para nada, no, espera, las rayas son gays, no, no, lo que pasa es que jugamos de visitantes, éjele, ya no se acuerdan del 6-1 ni del 6-3. Ustedes no se acuerdan de que los mandamos a Segunda….

Y el lunes hay que levantarse a trabajar de nuevo, sin dinero, sin esperanza, sin voltear a ver a la anciana que pide ayuda en la calle y sin dirigir la palabra a quienes consideramos seres inferiores. Rayado y Tigre incluidos.
El lunes volvemos a la realidad. Ah, si, y aguantar las burlas si nuestro equipo perdió.

De las cosas importantes, que se encarguen los que deben encargarse.

Canción de Palacio # 3

Author: Zeth /

No sabes la de cosas que se escuchan
cuando tus paredes son todas de papel


El aire tiene cierto olor a jazmín, un olor dulzón que no percibí nunca antes. Muchos dicen que ese olor es la antesala de la muerte, yo digo que lo que huele así son los crisantemos, pero nadie me entiende.
El olor invade la acera de mi calle y serpentea hasta llegar dos calles arriba, justo donde una camioneta de vidrios oscuros espera pacientemente una señal. Dentro se oye una conversación por radioteléfono. Yo no la escuché, eso me lo contaron los jazmines que ya dieron vuelta a la avenida y están de nuevo aquí, en la acera de mi calle…

-oOo-

¿Me regalarías hielo antes de que comiencen los balazos? le pido al Tabasqueño empuñando en mi mano un gran vaso desechable. ¿Perdón? pregunta atemorizado, si, ya ves que la otra noche, justo cuando cerraste tu local y yo mi taller, comenzaron los balazos allá arriba, no me digas que no te acuerdas.
No, no recuerdo, te lo juro, yo estaba dormido. Yo también, le aclaro mientras palmeo su espalda, pero ¿a poco no escuchaste los plomazos? por favor, no me digas que pensaste lo mismo que yo “…qué rayos, el aire lavado está fallando”.
Llena el vaso y sigue sin mirarme a los ojos.
¿Qué le pasa a este menso? pienso mientras atesoro el hielo que no pude pedirle a la señora del depósito… caray, no sé porqué ahora cerró a las 11:30 y sin avisarme.

-oOo-

La camioneta sigue ahí. Sin señal de vida. Es una linda camioneta a pesar de que muchos dicen que esas sólo las traen los narcos. Ah, chinga, digo yo, ¿o sea que si un día tengo dinero para comprarme un auto deberé comprarme otro Sentra rojo para no llamar la atención? Uh, estaba mejor con el vochito.
Cierro la puerta del taller y me sirvo, como casi todas las noches, medio kilo de sal, medio kilo de hielo y un sorbo de cerveza para no recaer. Em… ¿recaer en qué? ah, si, es que dicen que la cerveza me hace perder la memoria pero, en franca contradicción a tal afirmación, recuerdo una frase de Woody Allen: “Existen dos cosas importantes en el mundo, una es el sexo y la otra… no me acuerdo”.
Otra camioneta, aún más linda que la primera, rueda cuesta arriba a unos 20 ó 30 kilómetros por hora. Qué desperdicio, pienso mientras me acomodo en el trono. Desaparecen sus luces traseras en un retorno y ahora rueda cuesta abajo con los mismos 30 kilómetros por hora en el tacómetro.
Comienza un desfile de trocas (Noé dixit) a cuál de ellas más flamante y sin explicarme porqué los vidrios son tan oscuros que parece que la noche viaja dentro…

-oOo-

Ni modo, maestro, le digo al Tabasqueño, se me acabaron los hielos… es que ¡vieras que pinche calor hace por acá! Me mira con ojos de “no jodas, no ahora que estoy tan preocupado”.
Suenan pasos tras de mi. Un sujeto con botas camina sin vacilar y se coloca a un lado. ¿Dónde está el pinche Arturo? me pregunta. Lo miro con curiosidad y tratando de ser simpático le digo ¿Carmona? ¿Arturo Carmona? chale contigo, ¿no ves la televisión o qué? creo que sale en una telenove…. y en eso miro hacia la puerta: hay otro sujeto igual al que tengo al lado, uno más al lado de la mesa de billar y otro con una camioneta encendida en la calle.
¿Quién es este pendejo? pregunta el sujeto al Tabasqueño. Es un cliente, no le hagas caso, sólo viene por hielo.
El sujeto ya no se digna a mirarme. Dice al Tabasqueño que hable al celular de Arturo. Fina persona él, hace gala de modales y saca una escuadra no sé de dónde con la que encañona al Tabasqueño. Dile que si no viene en este pinche momento te voy a dar un plomazo.
Arturo recibe la llamada. Es radioteléfono y todos escuchamos la conversación. “Arturo, aquí hay un vato que te busca y dice que si en menos de 15 minutos no vienes me dará un tiro en la cabeza…”.
Primero se escucha un beep y luego el silencio total.
Arturo, hey, Arturo, grita el Tabasqueño. No hay respuesta.

-oOo-

Ya no hay camionetas en la calle. Sólo está el Tabasqueño que llora y tiembla en mi taller. “Pinche Arturo tan ojete…”, murmura.
Le digo que no se preocupe: esta noche olía a jazmines… nunca a crisantemos.

Julieta

Author: Zeth /

Los ojos de Mark Knopfler

Romeo, enfermo de amor, canta una serenata callejera
deprimiendo a todo el mundo con su canción de amor.
Encuentra una farola apropiada, sale de las sombras,
y dice algo así como: "¿Qué hay de nosotros, nena?"
Julieta dice: "¡Ah! ¡Es Romeo!,
casi me matas del susto"
Él, bajo la ventana.
Ella canta "¡Hey! Mi chico ha vuelto"
No deberías venir por aquí,
despertando a la gente con tus canciones.
De todos modos, ¿qué le vamos a hacer?

"Julieta, los dados estaban trucados desde el principio
y aposté y estallaste en mi corazón
y olvidé, olvidé... la canción de la película.
¿Cuándo te vas a dar cuenta de que, simplemente,
no era el mejor momento? Julieta"
Van por distintas calles,
calles de vergüenza
ambas sucias, ambas vulgares,
y el sueño era el mismo.
Y soñé tu sueño por ti
y ahora tu sueño es real.
¿Cómo me puedes mirar
como si yo fuera uno más de tus problemas?

Puedes ceder por cadenas de plata,
puedes ceder por cadenas de oro,
puedes enamorarte de atractivos desconocidos
y de sus promesas.
T’u me lo prometiste todo,
me prometiste el oro y el moro,
y ahora sólo dices: "¿Romeo?
Ah! Sí, tuve una historia con él."

Julieta, cuando hacíamos el amor solías llorar
Te decía: "Te quiero como a las estrellas del firmamento.
Te querré hasta la muerte"
Hay un lugar para nosotros, ya conoces la canción
¿Cuándo te vas a dar cuenta de
que no era el momento apropiado, Julieta?

No se hablar como lo hacen en TV
y no se hacer una canción de amor como se debería hacer.
No lo puedo hacer todo, pero haría cualquier cosa por ti.
No puedo hacer nada excepto estar enamorado de ti.
Todo lo que hago es extrañarte, y a la forma como estábamos juntos.
Todo lo que hago es mantener mi latido y las malas compañías.
Todo lo que hago es besarte a través de los versos de un poema.
Julieta, haría las estrellas contigo en cualquier momento.

Julieta, cuando hacíamos el amor solías llorar.
Te decía: "Te quiero como a las estrellas del cielo.
Te querré hasta la muerte"
Hay un lugar para nosotros, ya conoces la canción
¿Cuándo te vas a dar cuenta de
que no era el momento apropiado, Julieta?

Romeo, enfermo de amor, canta una serenata callejera
deprimiendo a todo el mundo con su canción de amor.
Encuentra una farola apropiada, sale de las sombras,
y dice algo así como: "¿Qué hay de nosotros, nena?"

Naturaleza

Author: Zeth /

Cuando era chico, un día me levanté y descubrí mis ventanas forradas de cartón para que no entraran los cucarachos. Creí que estaba protegido, pero la naturaleza es cruel: el amor no busca caminos, lo que encuentra son destinos.

Cuando era chico, me encantaba correr. Corría mucho y nunca me cansaba.
Fernando era gordillo y no soportaba mi paso y yo no podía reír de aquello: era mi hermano y no quise demostrarle nada.
No quise competir en nada con él. Es mi hermano.

Cuando era chico me perdí alguna vez en el centro de la ciudad. Ahora Iván y Adrián sabrán de lo que hablo, pero eso me sirvió de mucho: ahora puedo viajar a Singapur sin perderme mientras Iván recorre Barcelona. Adrián ya viaja por el centro de la ciudad a bordo de un colectivo. De pronto estará en Alemania.

Y estaré de nuevo solo. Por mera naturaleza.
Ha pasado ya mucho tiempo, pero mis sueños siguen intactos.
Que estés tú ahí o no, sale sobrando.

Reflexiones citadinas. Primera parte

Author: Zeth /

"Hey, se escuchan balazos", dijiste. Yo sólo quería dormir. Suficiente tenía con la impresión que me causó el hecho de que un hombre asesinara a un bebé de 15 días de nacido, además de sorprenderme de nuevo con las cuchilladas que le propina un hombre a su mujer y luego se rocía de gasolina. Un cerillo logró evitar que pisara la cárcel.

Entre sueños, recordé entonces el concepto del hombre natural que maneja JJ Rousseau y que en resumen dice que "los hombres no son, naturalmente, ni reyes, ni grandes, ni cortesanos, ni ricos; todos han nacido desnudos y pobres, todos sujetos a las miserias de la vida, a los pesares, a los males, a las necesidades, a los dolores de toda clase; en fin, todos están condenados a muerte. He aquí lo que es verdaderamente el hombre; he aquí de lo que ningún mortal está exento. Comenzad, por tanto, por estudiar de la naturaleza humana lo que ésta tiene de más inseparable, lo que constituye la mejor humanidad. La esencia de lo humano estriba en lo que éste ya no es y, aun cuando se esforzara por alcanzarla, nunca lo lograría en su forma original".

La discusión eterna entre la teoría de Rousseau y la de Pascal donde éste último señala que el hombre (el ser humano, para que no protesten las feministas con pancarta) nace malo por naturaleza, con toda la carga negativa que podemos tener: egoístas, envidiosos, rencorosos y potenciales asesinos, mientras Rousseau dice que el ser humano nace bueno y las circunstancias de la vida lo van haciendo malo. Rousseau asegura que la familia, la sociedad, el arte, la cultura y todo lo que tenga que ver con la humanidad, te pueden hacer malo, bueno, indiferente, insípido, categórico, intolerante, desvelado o beligerante, según te va en la vida. Pascal en cambio asegura que el ser humano nace malo y, con el pasar de los años, te pueden hacer aún más malo, bueno, indiferente, insípido, categórico, intolerante, desvelado o beligerante...

Platicábamos anoche. ¿En qué momento de la vida perdiste el sentido de la humanidad?
¿Cómo es posible que me apuntes con una arma a la cabeza y me quieres asesinar?
¿Naciste bueno y el entorno te hizo malo?
¿Naciste malo y el entorno jamás te hizo bien?
¿Eres infiel por naturaleza o por aprendizaje?
¿Mientes por diversión o por convicción?
¿Lastimas por defenderte o por dañar?
¿Destruyes para construir o construyes y luego, sin más, destruyes?

Em, tengo mucho sueño y quiero dormir, dije a esa voz en mi mente...
Y entonces... ¿dónde puedo encontrar esas respuestas?

Círculo perfecto

Author: Zeth /

Iván tiene razón

Somos parte de cada gente que conocemos... todos nos dejan parte de su piel, parte de su sangre, parte de su corazón y mucho, pero mucho dolor.
Miramos con sus ojos, respiramos con sus poros, soñamos sus sueños y despertamos con sus pesadillas.
Vivimos sus fantasías y queremos que nos vaya bien como no nos va hace tiempo. Nunca termina la búsqueda. Nunca terminan los sueños.
Amanece ya. Este no es nuevo día. Es la repetición de los que ya pasaron.

Dios bendiga al Diablo

Author: Zeth /

Para algunos, el futbol es una religión más justa que la propia religión católica. O por lo menos más entretenida.

En el futbol, los santos cambian lustro tras lustro y siempre con evangelios nuevos y cada vez más espectaculares, en cambio en la Iglesia los santos son los mismos de siempre, anquilosados con los sermones de sacerdotes noveles en su mayoría, pederastas en su minoría, que pueden tener todo, menos una sensible vocación para hacer que gente como yo crea en un Dios (quien quiera que este sea).

Estoy harto de escuchar que “en aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos que…”. Qué demonios, todos los sermones de los sacerdotes comienzan igual. Ya leí la Biblia por lo menos veinte veces completita así que no te equivoques: sé perfectamente de lo que hablo.

Ahora la Iglesia católica mexicana se queja porque detienen narcos en el interior de sus iglesias (hey, toc, toc en tu cabeza, o sea, padrecito, tienes fieles que son narcotraficantes y… ¿no te habías dado cuenta?). Acá en la cancha de juego puede haber lavado de dinero, drogos jugando futbol o mafias organizando un torneo, ah, pero ¿a poco no es más divertido?

Hoy se retiró para siempre de las canchas Claudio “El Diablo” Núñez. Pronunciar ese nombre en boca de un rayado de corazón es un insulto a la grandeza albiazul, sin embargo debo reconocer que cuando alguien se dedica con empeño a lo que sabe hacer, poco importan los colores de la camiseta que defiendes.

“El Diablo” nos recetó bastantes goles que hicieron que se retirara invicto en los Clásicos regiomontanos (pero tampoco se emocionen, tigrillos, también Verdirame se retiró invicto en esos duelos).

Hoy se retiró para siempre de las canchas Claudio “El Diablo” Núñez. Y a juzgar por la calidez con la que los ex jugadores Rayados lo abrazaban, alguien tiene que coincidir conmigo en que finalmente somos seres humanos y debemos tener una competencia sana entre nosotros. Más que antagonistas por naturaleza, somos pasajeros de un mismo viaje y habrá que llevar en paz los muchos kilómetros o los pocos metros que nos quedan de vida.

Aunque suene extraño, ojala que Dios (quien quiera que este sea) bendiga a “El Diablo”.