Aunque tus ojillos se escondan bajo la mesa.
Aunque creas que no te miro. Te miro.
Aunque corras como tu abuelo Félix.
Y trates de escapar.
Yo voy siempre tras de tí.
Aunque tú ni cuenta te das.
El niño bonito (repost)
Author: Zeth /Café estilo leyenda urbana
Author: Zeth /Palabra de borracho
haré de cuenta que aquí no ha pasado nada
voy a olvidarte, al fin mi cuenta está pagada
habrá destrozos pero solo aquí… en mi alma.
Los Herederos de Nuevo León
haré de cuenta que aquí no ha pasado nada
voy a olvidarte, al fin mi cuenta está pagada
habrá destrozos pero solo aquí… en mi alma.
Los Herederos de Nuevo León
Comienza el frío acá. Un frío de esos ricos donde tomas café con piloncillo y canela, estilo leyenda urbana mientras miras en la tv malísimos programas locales, a la espera de que llegue el sábado de futbol.
Me agrada ponerme de nuevo un suéter aunque este se vea arrugado. “Es lindo”, escucho decir a una mujer, “pero trae un suéter arrugado”. Por eso soy lindo, me encantaría decirle, porque no me importa lo que diga su mirada cuando yo me siento a gusto por arrugado que parezca.
También hay lluvia. Y gente golpeada por croquistas. Pero ese es un mundo que de a poco deja de interesarme. Sólo me doy cuenta de que existe cuando alguien habla por celular mientras maneja y se cruza en mi camino sin precaución y debo decirle que no sea insensato.
Me gustan los nubarrones porque sé que detrás hay un sol o luna, según la hora y, si la noche tiene suerte, hasta alguna estrella podría hacerse notar. Comienzan a gustarme los rayos a pesar de que puedo ser víctima de uno. El espectáculo de luz y truenos me embelesa y debo pararme a la orilla del camino para observarlos mejor. No soy como Iván, que de pronto y carga una cámara para captar lo que platico y que veas que es verdad. Hace rato que no me da por reseñar los hechos, sobre todo cuando aviso de una posible noticia y me contestan en algún periódico “¿hay muertos en el incendio? ¿Le falta la cabeza, piernas o algún brazo? ¿No? ¿Nada de eso? Ah, entonces no nos interesa”.
Con el frío, lluvia y el café estilo leyenda urbana, comienzan a encontrarse mis sentimientos. De pronto me encuentro deprimido sin parar con una canción de Los Herederos del Norte y río sin contenerme con algún tema de Café Tacuba.
Ya soporto al “Chapo” de Sinaloa y a veces tarareo algo de Ricardo Arjona.
Me encanta Sarah Brightman por su bello rostro y su impresionante voz.
Vaya, hasta cómico se me hace Chavana con sus covers futboleros que nada le aportan a la inteligencia humana.
Ya permito que la gente se acerque y haga preguntas. Disfruto mucho haciéndome pendejo al contestar “no sé, fíjate que no sé cómo se llama el secretario de Gobierno” y ver su espalda al alejarse mientras murmuran “qué imbécil, se llama Fernando Gómez Mont”.
En las reuniones alcohólicas intento tener la benevolencia que tiene un Dios. Ya el diablo no me presta su disfraz.
Ahora que lo pienso bien, creo que te comencé a olvidar…
La mirada de Mark Knopfler
Author: Zeth /La vida de los rockstars puede reducirse a sólo una cosa: son putos. Les da lo mismo irse con una jovencita que con un garrote. No los culpo. De pronto te llega la fama y no sabes manejarla.
Por eso me llama la atencion Mark Knopfler, ese sujeto inglés cuyo apellido es difícil no ya de escribir, sino de pronunciar.
Cuando canta Romeo y Julieta es una bendición que no nos da don Benedicto. La mirada de Knopfler lo dice todo: una especie de sufrimiento eterno. Un sufrimiento que llevarás de por vida. Unos ojos entre verde y miel que te cuentan lo que viví yo en la infancia y lo que sufro ahora de adulto.
Que bueno que haya un Mark Knopfler en la vida... de otro modo, ya habría matado a mucha gente. O muerto por mi mismo, que al fin y al cabo, es igual.
Por eso me llama la atencion Mark Knopfler, ese sujeto inglés cuyo apellido es difícil no ya de escribir, sino de pronunciar.
Cuando canta Romeo y Julieta es una bendición que no nos da don Benedicto. La mirada de Knopfler lo dice todo: una especie de sufrimiento eterno. Un sufrimiento que llevarás de por vida. Unos ojos entre verde y miel que te cuentan lo que viví yo en la infancia y lo que sufro ahora de adulto.
Que bueno que haya un Mark Knopfler en la vida... de otro modo, ya habría matado a mucha gente. O muerto por mi mismo, que al fin y al cabo, es igual.
La Santa Muerte
Author: Zeth /Desde que salgo con la pálida dama
ando más muerto que vivo
pero dormir el sueño eterno en su cama
me parece excesivo...
Joaquín Sabina.
ando más muerto que vivo
pero dormir el sueño eterno en su cama
me parece excesivo...
Joaquín Sabina.
No amanece aún. Y el camino es largo. Un poco de lluvia adorna mi parabrisas y el asfalto de la carretera a Laredo. Escucho música vieja en la radio del auto.
Por la libre veo decenas de tráilers. Todos ellos con kilómetros de historias qué contar... kilometraje que se extiende en cada parador donde llegan a cenar. Donde juegan billar y apuestan la botella de whiskey guatemalteco contra la mujer que acaban de levantar.
Atrás quedó el travesti agitando su pañuelo rojo. La mujer les gana el cliente. Con las horas pasando sin protestar, esperan tener algo más de suerte.
En el camino hay huellas de correcaminos y zarihueyas que pasaron a mejor vida. De noche es difícil ver la línea divisoria y más difícil aún ser humanitario con los animalitos que cruzan una autopista de cuota, sobre todo cuando detrás de ti viene una poderosa Hummer haciendo cambio de luces.
Aburrido ya con el paisaje que dibuja la luna cuando la lluvia lo permite, hago conteo de los kilómetros que faltan para llegar a la frontera. Cuarenta, dice un pequeño anuncio al lado del camino.
39, dice otro más un kilómetro adelante.
No, son 38, alega otro que está mil metros más allá.
Qué demonios. Ya desvarío...
Para no dormir en este tramo donde se pierde la señal radiofónica, me entretengo en recuerdos que, aunque quiera, ya no tienen nada qué ver contigo. Estás aquí y a veces no estás, pero decidí por mera salud sentimental no guardar cosas que pudieran pincharme el alma.
Miro el teléfono descansando en el cenicero y recuerdo que ahí tengo un par de canciones que vale la pena escuchar. Abro la ventanilla para recibir una bocanada de aire fresco y la oscuridad me devuelve unos ojos curiosos que deben concentrarse en la intermitente línea de una carretera que, diablos, ya se hizo demasiado larga.
-oOo-
Es real, dice Tovar con la seriedad que no lo caracteriza. Míralo bien, insiste. Veo dos o tres veces el video en el celular y reitero mi opinión: ese video es falso y yo podría hacer uno más realista que ese, lamentablemente yo me especializo en el porno y, aunque quisiera espantar a alguien con un video de terror como ese, prefiero ver la belleza de una mujer cuando su rostro refleja felicidad al hacer el amor. Ya sé que eso no tiene chiste y que hay toneladas de pornografía no sólo en internet, sino en los celulares de las damas y caballeros más distinguidos que te puedas topar en el cruce de Aramberri y Juárez. Pura gente fina.
Recuerdo el video y lo reproduzco para no dormir en tan inhóspito lugar donde aún faltan 30 kilómetros para que un pueblo dé señales de vida.
Veo entonces en la pantallita de mi teléfono la burda escena donde unos jóvenes circulan por una carretera igual a esta, más o menos a esta hora y más o menos con esta combinación de lluvia-luna.
A la orilla del camino, en el video, aparece de pronto una figura humana cubierta hasta la cabeza con una túnica que voltea a ver el auto de los jóvenes y su mirada apaga el grito de una mujer que dice "¡no mames...! ¿qué es eso?".
Lo mejor de ese video es el final: un cartel cinematográfico donde se lee que los jóvenes perdieron la razón definitivamente (dudo que la tuvieran algún día, pero en fin...) y ahora están internados en alguna casa de locos donde vivimos más de cien millones de habitantes en México. Basura de la red, me digo antes de activar la música del celular y escuchar, plácidamente y durante 15 minutos, algo de Oceransky con un toque siniestro de Vegas y Bunbury. Bueno, por lo menos eso me quita el sueño. ¿A tí no?
-oOo-
La luz del auto descubre un cementerio de coches metros más adelante. Vaya, hay señales de vida por acá, respiro aliviado después de manejar esos 15-20 minutos sin ver un sólo auto, salvo la Hummer que venía pisándome las patas y a la que en un pase de torero con acento españolao le dije "ala, si lleváis prisa, que la Santa Muerte te acoja chaval...".
Qué rayos, dije la Santa Muerte sin querer. Es posible que esa imagen que hace rato miré en la pantallita del celular me hiciera recordar la serie de capillas que ahora ya no están en la entrada de Nuevo Laredo.
Hace unos meses hubo en ese lugar donde ahora es tierra y escombro capillas dedicadas a la mujer con rostro de calavera.
Esas capillas son las buenas, me dijo alguna hierbera del Mercado Juárez. Ahí llega la gente que necesita algún favor o requiere de algún sacrificio. O no te vayas tan lejos, dijo con una sonrisa desdentada: allá llega la gente que pide una muerte sin dolor y sin sufrimiento... la Biblia lo dice claramente en el Apocalipsis de San Juan, "Y el mar devolvió los muertos que guardaba, la Muerte y el Hades devolvieron los muertos que guardaban, y cada uno fue juzgado según sus obras.... La Muerte y el Hades fueron arrojados al lago de fuego, este lago de fuego es la muerte segunda" Apocalipsis 20, 13-14.
La gente cree que la muerte los resguardará hasta el juicio final y entonces, cuando ocurra, Dios estará tan enojado con la Muerte que la arrojará al lago de fuego a cambio de las almas que le profesan algo de fe. ¿Creerás que funciona, Gerardo? preguntó la mujer y tuve que salir de ahí, turbado, sin responder cómo aquella vieja pudo saber mi nombre sin averiguarlo en el Messenger o en algún estúpido Facebook.
-oOo-
Las luces de la carretera alumbran botellas de tequila casi inexistentes, velas con el cabo agotado y la certeza de que afuera hay un frío que kilómetros atrás no se hizo notar. Rastros de las capillas están ahí, al lado de la carretera, y son mudos testigos de un fanatismo que no tiene explicación, me explico yo mismo.
Amanece ya y antes de que la luz solar extinga esa última farola de aquella carretera a Laredo, una mujer que vende naranjas en el primer semáforo de la ciudad asoma a mi ventanilla y pide que baje el vidrio. Lo hago a medias y entonces las cuencas vacías de unos ojos que no ven me dicen "¿Creerás que funciona, Gerardo?"...
... Y sueño. Todavía.
Author: Zeth /La vida es rara. Creo que la paso mejor soñando. Allá las cosas son más sencillas, más fácil de manejar. Allá tengo a la mujer que quiero y la mujer que quiero me tiene a mi. No hay falla, como dicen los colombianillos.
En la vida rara y real, hay un trabajo que puedo hacer y aunque no lo creas soy el mejor en ello.
En la vida real te veo a lo lejos y ya te miro lejana.
Ya estás lejos.
En la vida real ahora te veo cerca y ya te miro cercana.
Ya estás cerca.
No me digas que estás celosa.
Deberías saber que te quiero.
Y nunca te he dejado de querer.
Día de lluvia
Author: Zeth /Hoy tendremos un día soleado, con una
agradable temperatura cercana a los 28 grados,
sin posibilidad alguna de precipitaciones...
Las chicas del pronóstico del tiempo
agradable temperatura cercana a los 28 grados,
sin posibilidad alguna de precipitaciones...
Las chicas del pronóstico del tiempo
Con Aurelia cantando, audífonos puestos y con ello la voz alta, muy en cuello: "... cuando quieras quitarme la vida, no la quiero, para nada, para nada me sirve, sin ti..." transcurre la tarde.
Soporífera.
Hay días que no merecen llamarse tal. Hoy es uno de ellos. Uno de esos en que cada una de las 24 horas son tan anodinas que espantan.
El aire dice que probablemente lloverá más tarde. Supongo que eso les importa sólo a quienes, excepto yo, traen un precavido paraguas sea ya en el bolso de mano, sea ya en el bolsillo de un pantalón.
No saben lo grato que es bañarse con la naturaleza, siempre y cuando ésta no exhiba su mal humor con rayos y centellas por todo ese alrededor.
Arroyos de agua corren por la acera mientras la gente me mira, curiosa, escurriendo agua por los rizos de mi cabello que ahora ya no son tal.
La ropa empapada y unos huaraches recién importados de los Estados Unidos.
Un aroma corporal que poco a poco desaparece con la humedad.
Una mirada que trata de recuperar algo de brillo.
Un gesto de gratitud cuando me quieres saludar.
Esta gota de agua no significa nada... o es lluvia o supongo que hoy te extraño de más...
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