Y tenemos que cargar con eso...

Author: Zeth /

Somos uno, pero no somos lo mismo...

Siempre me he sentido identificado con la gente que sufre. Llámale empatía o llámale como quieras, finalmente es lo que menos importa. Me siento cerca de Rudy porque a pesar de su pedantería y su falsa riqueza, Rudy lloraba cada noche cuando recordaba que su padre los abandonó cuando apenas contaba con seis.
Me siento identificado con el Negro porque a pesar de que su mamá intentaba día con día levantarle la autoestima llamándolo "cielo... corazón... papito... pedacito" simplemente al Negro le afectaba que su papá siempre estuviera fuera de la realidad: una especie de esquizofrenia lo atacaba y de pronto no sabía ni quién era el Negro y lo sacaba a patadas de la casa.
Negro también lloraba.
Me siento identificado con Jaramillo porque gracias a su cabello largo y su delgado cuerpo blanco, su mamá lo llamaba "La Bruja", apodo que cada que se lo decíamos hacía que derramara una lágrima. No soy una bruja, decía, es sólo que me gusta tener el cabello largo.
Me siento identificado con el Chino, a quien sus papás mandaron de Monclova a Monterrey según ellos a que estudiara, pero lo cierto es que el Chino no servía para eso y sí, en cambio, para tirar golpes. Alguna vez noqueó al Pinocho en el campo de futbol de Valle Verde segundo sector, el mismo en donde Kily reventó un balón ve tu a saber de quién.
El Chino era bueno para los moquetes y de algún modo lo convencimos a que tratara de conectar un buen uppercut en vez de resolver el enorme enigma que le resultaba saber cuánto era dos por dos. El Chino fue campeón de los Guantes de Oro. De nada, Chino, ya sabes que aquí estamos...
Me siento identificado con Enrique porque llegó a una familia en la que ya estaba todo hecho: un hermano mayor y dos hermanas, una de ellas muy linda. Y luego de su llegada aparecieron tres hermanas más. Las noches en el techo de los Guzmán Tinajero siempre son inolvidables, con Cristina preparando hot dogs mientras Enrique y yo escuchamos a Iron Maiden.
En esos años éramos uno, pero nunca fuimos lo mismo. Hoy ya no se de ellos ni ellos de mi, sólo espero que en algún recoveco de su memoria se acuerden de aquel chavillo que no tenía un diente y que solía responder "me llamo Ted Nugent" cuando alguien se lo preguntaba. Ojala que estén bien todos.

Perros y gatos

Author: Zeth /

Miguitas de ternura yo necesito...

Blanco se esparce cuan largo es en la puerta intermedia de mi lugar. No parece preocuparle gran cosa que sean pasadas las tres de la mañana,
Negra descansa encima de un bote de agua. Sólo levanta la cabeza cuando escucha un ruido y de inmediato vuelve a la posición inicial.
Hay un plato de comida lleno más allá, pero parece que eso no es suficiente atracción: han comido lo suficiente en el día y lo demás sería gula.

-oOo-

Rosa es Doña Rosa. Rosita es para alguien que como ella es pequeña, pero ya es adulta, así que el Doña le cae muy bien. Era feliz en su soledad hasta que llegó Penélope. ¿Que cómo lo hizo? de algún modo atravesó la barrera que le puso la Wendy y ahora se adueñó de la mitad del patio ante el evidente coraje de Doña Rosa. Señora al fin, de a poco encuentra la manera de conversar con la imberbe Penélope sin arriesgar su estatus: ella sabe que sigue siendo la reina de ese patio ubicado en la colonia Hacienda Santa Clara.

-oOo-

Pa, hay un perro en la cochera echado junto a la Wendy, dice Iván. Ah... ¿y qué perro es? no sé, parece un chihuahua. Bien, mételo al patio con Doña Rosa y Penélope, supongo que alguna andará en celo y por eso el husmear de su nariz por esa su casa.
Cuando lo miro de entrada me parece feo, aunque ahora recuerdo que la Penélope también me lo parecía, pero ahora sus acciones tan locuaces le hacen ganar mi simpatía. Esa perra está loca, dicen todos.
Café tiene una mirada de rencor. Un cuerpo de cruza de chihuahua y salchicha, pero ojos feroces. Cuando trato de acercarme tira una mordida. Ayer me puse un picahielazo en el dedo gordo de mi mano izquierda así que saco la mano rápidamente antes de que sus colmillos me atraviesen.
Café es huraño. Igual que Penélope cuando llegó. Igual que Blanco y Negra que ahora ya toman confianza y se meten sin pudor a mi lugar. Todavía voltean con ojos de "ya no tenemos comida wey, ¿hasta qué hora...?".

-oOo-

Café está entusiasmado a pesar de que hay quejas de que orina por todos lados. Doña Rosa y Penélope se tiran en el rincón de la cantina mientras Café brinca y se desvive cuando mira hacia la puerta de la cocina.
Blanco y Negra siguen acá, tirados en la división de la puerta y de pronto me miran con ojos de agradecimiento.
Café y Penélope tienen esos mismos ojos. Wendy y Doña Rosa los entienden... pero yo me pregunto ¿cómo rayos nos llegamos a llenar de perros y gatos?
Creo que los animalitos no tienen un Dios. Pero vaya que saben agradecer una caricia.

Canción de palacio # 2

Author: Zeth /

Y a veces oigo a las ratas que roen la pared

Noté que era linda desde el preciso instante que entró al cibercafé. A pesar de su pants de color celeste deslavado y con sospechosas manchas, su blusita hacía contraste por su blancura.
Tiene el cabello castaño atado con una liga y su cuerpo no tenía más peros: en verdad era linda con esos ojos verdes marinos y sus labios rosas.
Hey, me dijo divertida para quitarme lo embelesado, ¿te interesan estas tarjetas de acceso a Internet?
Por favor, le dijeron mis ojos… mira a tu alrededor, tengo 7 máquinas funcionando con acceso a la red… ¿porqué habría de comprarte esas tarjetas?
Bueno, puedes venderlas aquí, me dijo todavía sonriendo. Ah, le contesto, o sea que les vendo tarjetas de acceso a Internet para quedarme sin clientes, ¿es así?
Avergonzada, deja de reír, pero su mirada es muy coqueta. Necesito dinero, dijo mientras voltea nerviosamente a mirar un auto blanco con tres sujetos de no más de 20 años.
Lo siento chava, no puedo ayudarte.
Por favor, dicen sus ojos…
Lo siento… no puedo.
Sale apresuradamente del ciber y sube al auto.
El reloj marca las tres de la tarde de un día muy caluroso y tengo que salir de aquí.
Cinco horas después regreso.
Un minuto después regresa ella.
Viene ahora recién bañada y con un aroma corporal bastante excitante. Ya no trae el cabello atado y sus piernas brillan bajo una breve falda de mezclilla. Tiene unos pies demasiado lindos.
Ya te dije que no necesito esas tarjetas, le digo.
Hace una mueca y dice que ahora no viene a ofrecer nada, que sólo necesita conectarse a Internet.
Ok. Le libero una de las máquinas y me olvido de ella.
Son casi las 11 y es la única cliente del lugar. No me desespero porque finalmente casi siempre duermo a partir de las tres de la mañana, así que aún dispongo de cuatro horas.
Poco antes de las 12, sacude su cabello, alisa su falda, se acomoda los pechos y se acerca a pagarme.
¿Cuánto te debo? dice.
30 pesos, contesto ya sin mirarla.
No tengo dinero para pagarte, dice.
Bien, regresa cuando lo tengas, por mi no hay problema.
Nunca tengo dinero, dice mientras pone su mano en el monitor de mi computadora.
La miro lentamente. De verdad que es linda. Piel muy blanca, aroma muy excitante, cabello muy bien cuidado y labios demasiado rosas como para no besarlos. Lo único que desentona es su mirada sin brillo y las ojeras que le atacan los verdes ojos.
Bien, no me pagues, le digo, esto es cortesía de la casa.
Puedo pagarte de otra forma, dice coqueta.
No es necesario.
¿No te gusto?
Sí, me gustas, pero no veo a dónde va esta plática.
Puedo quedarme contigo.
No quiero.
Si quieres.
No, no quiero.
Mueres por mí.
Ya estaba muerto antes de que llegaras, que seas linda no hace diferencia…
Hace un gesto de fastidio y dice que necesita droga.
Lo sabía. No tengo nada para darte, en ningún sentido, lo más que puedo hacer es llevarte a tu casa.
No puedo llegar, no así.
No puedo hacer nada más por ti entonces.
¿Podrías darme un abrazo?
Claro, siempre y cuando te sea necesario.
Lo es.
La abrazo y siento su cuerpo tibio, palpitante, sollozante. Se aferra a mi cuello y trata de besarme, pero se arrepiente y me suelta.
¿Me llevas a casa?
Claro.
Vivía en Cumbres segundo sector.
La siguiente vez que la ví, estaba muerta. Una ocasional pareja le consiguió algo de coca y tuvo una sobredosis.
Su cuerpo desnudo estaba bajo un puente cerca del Libramiento Noreste, en Ciudad Mitras.
En las fotos periodísticas se veía igual de frágil como cuando aquel día entró al cibercafé.
No tengo ninguna duda que era una mujer muy linda.
Tampoco me queda duda que de haberme quedado con ella aquel día, habríamos muerto los dos en ese abrazo que aún ahora siento alrededor de mi cuello.
Lo siento, Alejandra.

Pavarotti

Author: Zeth /

E quell’amore non so pi aspettare

En aquella grabadora de Miguel que parece más un calentador eléctrico, suena la voz de Valentín Elizalde.
En esos meses tenía dos cosas muy claras: poca tolerancia al Vale y mi corazón puesto lejos de ahí.
Sin embargo aguanté callado varias rolas del Vale hasta que comenzó a sonar una canción que habla de una papa y todos se pusieron ya sea a bailar o a cantar.
Es suficiente, dije.
Me paré a bajar el volumen
Quiero escuchar a U2, a Bon Jovi, a Goo Goo Dolls o a quien quiera que se le parezca, pero no estoy dispuesto a escuchar más de esta mierda: ustedes llevan tres horas escuchando lo que este imbécil cantante les quiere transmitir y ahora me toca a mí.
Luego de un prolongado silencio, todos soltaron la carcajada. Pinche Yayo, creímos que hablabas en serio.
Sin inmutarme, pregunté a Javi qué significaba para él esa canción del Vale que dice “Soy así…. Asiiii naciiii y asiiii me morireeeé…”.
Javi adoptó la postura de director de escuela que es y me dijo, tartamudeando, bueno, es que esas canciones las escuchamos para liberarnos del estrés porque no podemos ponernos ahora a escuchar temas deprimentes porque entonces ¿qué sería de nuestra vida?
Ajá, fue el gesto que dijeron mis ojos. Y… ¿qué es de tu vida? pregunté.
Silencio.
Miguel interviene y dice que no podemos ponernos a escuchar temas reflexivos en una pachanga. Ah, ok, entonces en las pachangas es necesario escuchar temas estúpidos como los del Vale, contesto.
Se acerca Gordo y me dice qué ¿a poco no te gusta el Vale? Reviro rápidamente y pregunto, qué… ¿a ti sí te gusta? Dame una buena razón, ese tipo no canta, no baila, no recita y no hace nada bien, salvo lavar dinero de los narcos. ¿Eso es lo que te apetece?
No sabe qué decir y se retira.
Y desfilan todos sin poder convencerme de que el Vale es la octava maravilla del mundo.
Oigo que murmuran y mandan a Javi a tratar de convencerme de que suelte la grabadora: Qué, ¿te crees muy chingón porque escuchas a Pavarotti?
Francamente nunca había escuchado a Pavarotti, salvo cuando canta con Passengers la rola de Miss Sarajevo.
Ahora, varios años después de esa discusión, creo que sí me siento muy chingón: pocos pueden apreciar la belleza de voz que tenía Luciano y que, combinado con U2, es de las obras maestras que deambulan por la vida.
Ahora cuando ponen en la grabadora de Miguel que parece más un calentador eléctrico temas del Coyote o del Chapo de Sinaloa, me consuela saber que, dentro de pocos minutos y ya en la soledad que me identifica, podré escuchar lo que me gusta sin tener qué explicarle al mundo que la música va más allá de un simple corrido norteño que habla de traficantes. La música te hace crecer y de pronto te das cuenta que, por lo menos en ese sentido, estás rodeado de enanos…

Canción de palacio # 1

Author: Zeth /

...La mujer del tiempo anuncia un vendaval

Luis tiene 21 años, apenas uno más que Iván, pero él no tiene la mirada ensoñadora y aún infantil del amarguetas que duerme de día y vive de noche.
Luis se arma historias diarias que lo llevan a ningún lado porque hoy ya no recuerda la mentira que inventó ayer y la de hoy será por demás contradictoria con la de mañana. Luis cree que no nos damos cuenta, pero algunos tenemos una infinita bondad con la gente que miente: simplemente pasamos el capote por su lomo, sin mancharnos de sangre, y los dejamos ir... como cualquier toro de lidia, los que mienten saben que su único e invariable final será el sacrificio.
Luis llegó frente a mi puerta un día y dijo que era especialista en lavar autos. Yo le miré y si hay personas que no tolero en el mundo, son los que se atreven a decir que mi auto es un cochinero viajando por la ciudad. No me interesa, le dije tras dejar de mirarlo.
Se fue sin comentario alguno. Minutos más tarde, llegó Arturo y dice que no sea gacho, que ayude a Luis porque se acaba de quedar sin trabajo. Según Arturo, Luis era auxiliar de contabilidad en una tienda de ropa y por motivos de crisis económica de pronto se vio un día en la calle, cargando en una mano cubeta con polish, cera, shampoo, cepillos y esponjas y en la otra mano una aspiradora según él tan potente que te absorbería un ojo si quisieras asomarte a ella. Pregunto ¿a quién le interesa asomarse al interior de una aspiradora? Eso es obsceno e insano...
Ok, dije a Arturo, le diré que lave mi auto pero sólo por cuestión de humanidad porque si hay algo que adoro en este mundo, es hacer las cosas como yo quiero y si eso incluye no lavar el auto, merezco respeto.
¿Trescientos pesos...? tú debes estar loco, le digo a Luis. Yo jamás pagaría cifra semejante porque alguien me lave el auto. Vamos, te la pondré fácil: un día Nelly me pidió lavar su coche, puedo hacerlo, le contesté, pero eso te costará un par de caguamas. Trato hecho, me dijo. Luis ¿sabes cuánto cuesta un par de caguamas? si lo sabes, y lo sé porque hueles a cerveza. Ajá, cuestan 37 pesos, así que si sabes algo de matemáticas, sabrás que me quieres cobrar poco menos que el mil por ciento que cobré yo algún día. Definitivamente no me interesa.
Bueno, dijo Luis ya confundido, pero tú eres amigo de Arturo y a los amigos les cobro la mitad. Yo no soy tu amigo, dije. Pero eres amigo de Arturo y eso te convierte automáticamente en amigo mío.
Hay argumentos que conviene mejor no discutir y con tal de quitármelo de encima dije, "ala, majo, que se hace tarde". En sus ojos leí "y este pinche loco de qué me habla...".
Luis hizo un buen trabajo. Este auto te da un par de chicas por kilómetro, pero estaba demasiado marrano, ahora ya puedes salir a galanear, me dice tratando de hacerse el chistoso.
Le pago y doy por terminada nuestra relación laboral, pero me lo encuentro en menos de cinco minutos con un par de caguamas en la mano. Qué... ¿nos la chupamos? eso me recordó un mal chiste: em... ¿las caguamas son para darnos valor o para enjuagarnos la boca...?
Las dos caguamas se multiplican aritméticamente y se vuelven cuatro y luego seis. Luis ya casi se gastó lo que le pagué por lavar el auto. Platica historias incoherentes acerca de que trabajaba en C&A no como auxiliar de contabilidad sino como empleado de piso. Dice que su novia está de visita en Beijing con su hermano que cursa una carrera allá. Asegura que ella lo quiere mucho y por nada del mundo lo dejaría a pesar de que ella estudia en el Tec y el lava autos.
Luis ya no puede sostenerse en pie, pero asegura que dejó la prepa para ser una especie de gigoló.
Le comento que eso puede ser más placentero que andar lavando autos. Te equivocas, dice, te encuentras con cada vieja sucia... No puedo menos que coincidir con él.
¿Y no piensas seguir en la escuela? no, dice lacónicamente, ya tengo 21 años y me sentiría extraño en un salón de clases.
Luis inicia una perorata acerca de lo que es su vida, la de su novia, la de sus amigos y la manera en que peleaba con sus padres porque ellos querían que siguiera en la escuela.
Escuchando su plática, Luis me hace pensar que es este un mundo extraño, donde hay gente que deja pasar la última oportunidad de ser feliz, mientras otros caminan primero, luego corren, buscando la casi exacta posibilidad de ser infeliz.
Luis tiene 21 años y se retira tambaleándose. Todavía tiene voz para pedirme cien pesos prestados que, por supuesto, se los niego.
Luis es un prospecto de alcohólico que no escucha la voz de la mujer del tiempo que dice que se le acerca un vendaval...

Naya Itzel Monfil Reyes dijo...

Author: Zeth /

Ese dia soñé con un angel
sus palabras susurraban tu olvido
mientras mi alma se aferraba
a tu recuerdo.

Era sueño y no lo olvido
desperté teniéndote a mi lado
y este miedo que me había
carcomido se alejaba lentamente
entre tus brazos.

Era un sueño y no lo olvido o
mi alma necia y loca que se
aferra a un recuerdo o a los
besos de tu boca.

Lentamente me despierto y
me obligo a la distancia de
sólo verte entre mis sueños
y despertarme con mis ansias.

La distancia sana todo,cura
heridas y malestares y este
imsomnio que no olvida los
consejos de tu madre.

Te llevaré entre mis sueños
vida mía, hasta que se seque
el mar y sane mi alma mal herida
hasta el día que me lluevan tus besos
en el cuerpo y vuelva a soñar
con aquel día.

Thriller

Author: Zeth /

Estoy cansado. No tengo nada qué dar.
Sólo quiero estar solo. ¿Es eso tan malo?
Michael Jackson

Reunidos en la casa de Don Fernando, veíamos el estreno mundial del video Thriller de Michael Jackson. Ahí estaban Marco, Mayín, Gil, Sandra, Lalín, Alicia, Zoompy, Becerro, Chilo, las Mayelas, Noé y su novia Silvia, Lupe, Mayra y Ricky. El estreno era en tele abierta, pero en la casa había una especie de magia que no tenían las demás: una videocassetera en donde Don Fernando grabaría esa presentación para verla una y otra y otra y otra vez. Y las veces que fueran necesarias.
Nos acomodamos en ese cuarto inconcluso que aun hoy no tiene las paredes resanadas y por donde se cuelan los cucarachos.
Expectantes, mirábamos anuncios comerciales esperando con ansia ese video. Eran los 80. Quizá la mejor época de mi vida.

-oOo-

No alcancé camión hoy. Son las diez de la noche y bajo caminando de la facultad hasta llegar a la avenida Las Torres en espera de algún Sierra Ventana retrasado. Los República ya no caminan y a mi me urge llegar antes de las 11:30 al centro porque a esa hora pasa el último Ruta 35 que nos lleva a Valle Verde. Luego de unos minutos, veo que ya no hay camión alguno y comienzo a caminar por esas Torres hasta llegar a Río Nazas. Tonto de mi, seguía el camino del colectivo para no perderme. No sabía otra manera de llegar al centro más que la de la ruta del camión.
Cuando llegué al cruce de Juan Ignacio Ramón y Juárez, eran las 11:40. No había rastro de camiones y si muchos borrachos pidiendo dinero. Casi lloro.
Veo pasar un Ruta 39 y me subo en el acto. En ese tiempo tenían los mismos colores: camiones rojos con una franja intermedia en color azul, así que en mi desesperación me colgué de ese estribo y cuando llegamos a Bernardo Reyes y Ruiz Cortines, me doy cuenta que el camión sigue de largo. Oiga, me atrevo a preguntar al chofer ¿no va para Valle Verde? No mi chavo, contesta con voz cansada, voy pa´l Topo...
Bajé y ya sin remedio, caminé todo la avenida Ruiz Cortines hasta llegar a Cisne. Ya ahí, me sentí a salvo. Son las 2 de la mañana, me reprocha doña Toña ¿dónde estabas? Caigo en la cama sin responder. Ya mañana será otro día.

-oOo-

Comienza la función. Don Fernando conectó la tele al estéreo, subió el volumen y fue a preparar unas palomitas. Nosotros compramos los refrescos y Gil metió de contrabando unos tecates que sólo él y yo consumimos.
Luego de una serie de comerciales, una respiración agitada se escucha en aquella pantalla que permanece negra, luego el ruido de animales e insectos nocturnos invade el cuarto. Un auto se descompone en lo que parece ser un bosque y entonces sale Michael explicando a una negra linda que no es un truco y que realmente el auto comenzó a fallar.
Creo que en mi vida escucharé una declaración de amor tan más cursi que la que ví en ese video. Para mí, sólo basta un beso para que sepas que te amo. No hay más palabras de por medio.

-oOo-

Fernando el Boxer dice que lo corrieron de su casa y no tiene dónde dormir. Anoche me quedé en la plaza pero la neta que me dio frío, me dice. Don Fernando y Doña Toña andan en Puerto Vallarta con Rocío, Roberto y la Toñis, lo que le da un alivio a los 17 años que tengo de adolescencia y con ganas de pelear con el que se ponga enfrente.
Fernando mi hermano ya trabaja, así que me quedo solo la mayor parte del día y le digo al Boxer que sí, que se puede quedar ahí en la casa mientras encuentre dónde dormir.
Mi hermano no está muy de acuerdo con la idea, pero lo deja quedarse.
Son las 12 del día del siguiente día y veo al Boxer muy ocupado en la cocina. Tiene el horno prendido y unas ramas verdes tostando en un comal. Es que esta madre está verde, me dice, y no puedo esperar a que la seque el sol. El olor de las patas quemadas del chamuco me llega más tarde. Hey, no puedes quedarte más días acá, le digo, no a menos que dejes esa hierba fuera de la casa. Ok, es una lacónica respuesta... ¿puedo traer acá a mi novia? seguro, mientras no hagas cochinadas, le digo.

-oOo-

Michael saca un anillo de su chaqueta deportiva y se lo pone en el dedo medio a la negra guapa. En ese justo momento las chicas reunidas en ese cuarto inconcluso sueltan una lagrimilla. Gil y yo, ya a medias aguas, nos miramos en complicidad: pinches viejas ridículas, decimos sin decir.
Michael confiesa entonces lo que tooodos ya sabíamos: No soy como los demás tipos y tengo que contarte un secreto (chale, si el video estuviera actualizado a nuestra época, mayor impacto habría tenido decir "soy extraterrestre y he venido a abducirte" o "soy la cruza de un borrego y una vaca trompuda y por eso me parezco a uno de los personajes de Guerra de Chistes" o ya de plano decir "¿sabes qué? soy transexual pero no sé porqué demonios me está creciendo de nuevo aquella cosa...").
Convertirse en una especie de Jacko-lobo fue el acabóse: Silvia abrazó a Noé mientras gritaba angustiada y Mayra hacía lo propio con Ricky. Lalín aprovechó el terror para meterle mano a una de las Mayelas mientras yo volteaba a ver al Zoompy: ni se te ocurra, pendejo, me dijo.

-oOo-

En el techo de la casa de Enrique, la vida parece distina. No hay problemas que te agobien ni dificultades que no se resuelvan. Ahí hablamos del profe Oscar Pedro y de la maestra Yamile. Reímos cuando recordamos que su esposo, el profe Mario, escribía en el pizarrón una ecuación sin chiste cuando de pronto se escucha un sonoro pedo. Verdaderamente sonoro.
Todos nos mirábamos con cara de ¿quién chingados es el apestoso? hasta que las miradas convergen en Rosaura. Perdón, atina a decir con el rostro lleno de pecas y enrojecido por la verguenza.
Nadie hizo nada. El profe Mario se da la vuelta lentamente, gis en la mano y lentes en los ojos. Zapatos de discapacitado y panza de sapo. Nos mira a todos severamente y de pronto en sus ojillos surje una chispa. La chispa se hace más grande y se contagia hacia sus labios... de pronto, una inmensa carcajada comandada por el profe Mario llena el aula de aquella secundaria Federal número 2.
Pinche profe, me dice Enrique mientras comemos galletas, jamás pensé que reaccionaría así.

-oOo-

Con una risotada de Vincent Price termina el video de Michael Jackson. Debo reconocer que fue muy distinto a todo lo que se había visto en la época y la manera como Mayra y Silvia abrazaban a sus noviecillos me convenció de que en realidad tenía unos efectos visuales increíbles.
Salimos poco a poco todos y Don Fernando pregunta si queremos ver de nuevo ese video.
Ya es tarde, señor, dice Mayín, además sí da miedo, mejor mañana venimos a verlo cuando todavía no sea de noche.

-oOo-

Murió Michael Jackson pero de acuerdo a la manera como condujo su paso por este mundo, no le guardo respeto alguno y, sin embargo, me hizo recordar esa época de los ochentas, cuando la vida era dura, distinta y feliz, como diría el buen Sabina.